Noche de febrero de 1998. Ante mí, un colosal edificio decorado con infinidad de franjas rojiblancas. Era el Vicente Calderón.

PorAs.com

El Wanda Metropolitano va completándose, llenando sus huecos. Desde ayer, ya conoce al arquero, uno de los símbolos del Calderón que no morían.

PorPatricia Cazón

Página97