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La gran tarde de Monchi y la última final perdida

La gran tarde de Monchi y la última final perdida

Es una broma común entre el sevillismo que el mismo Monchi reconoce: ha sido, por mucho, mejor director deportivo que portero en Nervión. Sin embargo, el Vicente Calderón fue el escenario de la mejor actuación como guardameta del actual director deportivo del Roma. Y no en un partido de una temporada cualquiera. El Atlético de Madrid del doblete hincó la rodilla por primera vez como local en la temporada 1995-96 en la visita del Sevilla (0-1). Fue un partido en el que los de Radomir Antic tuvieron todas las ocasiones habidas y por haber ante un conjunto sevillista que llegaba 20º en la recién estrenada Liga de 22 equipos. Por si fuera poco, corría la jornada 26ª y los de Nervión sólo habían ganado cinco partidos, pero consiguieron asaltar el fortín del líder destacado.

El gol de la victoria fue de Gabi Moya pero las loas fueron para un Monchi que, ya desde el palco, ha mezclado momentos amargos, alegres y surrealistas en el Vicente Calderón. Y con varios porteros como protagonistas.

Empezando por el final, el Sevilla perdió la última final que ha disputado en el Calderón. Fue la Copa del Rey de 2016, que acabó levantando el Barcelona en la prórroga (2-0) y a la que el equipo de Emery llegó fundido tras haber ganado con sólo cuatro días de antelación la Europa League en Basilea al Liverpool.

El momento surrealista fue 10 años antes. Para la historia triste queda la imagen de Palop enseñando una botella de whisky que había sido arrojada desde la grada y que hizo a Ayza Gámez suspender el partido para reanudarlo 40 minutos después. El Sevilla acabó ganando con gol de Puerta en un estadio semivacío.

El el Calderón debutó Beto, portero estrella de la Europa League conquistada en 2014 y allí dio un golpe encima de la mesa Sergio Rico, actual referente de la cantera, un año después.

La rivalidad entre ambos clubes y aficiones se retroalimentó a lo largo de los años desde el césped a la grada, y viceversa, tanto en el Manzanares pero en Nervión. Sin embargo, en aquel escenario vivió el punto más álgido de su carrera deportiva la figura más influyente del fútbol sevillano en la historia reciente. El Monchi que gestaría al Sevilla campeón, puso la primera piedra de una permanencia una fría noche de febrero de 1996.

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