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Aquel 27 de julio: Quedan la copa, tres ídolos y una canción

Atlético Nacional

Aquel 27 de julio: Quedan la copa, tres ídolos y una canción

Atlético Nacional - Copa Libertadores

Diego Pineda

Colprensa

Poco subsiste del Nacional campeón de la Libertadores, que perdió a su presidente Juan Carlos de la Cuesta y al cuerpo técnico más ganador. Nostalgia y algo de incertidumbre acompañan tras un año de la gloria.

Medellín

Ese 27 de julio de 2016 quedó tatuado en los verdolagas. Ese día, en el que una obsesión se materializó en conquista, el Atlético Nacional de Rueda pudo equiparar lo que 27 años atrás había conseguido el equipo de Maturana con sus puros criollos, para darle la oportunidad a una generación completa de verlo salir campeón del continente en una Copa Libertadores memorable, que, además del título, dejó fútbol bonito, goles y prestigio internacional. 

Ese Nacional, que cabalgó la fase de grupos, se reinventó sin un 9, catapultó a Marlos Moreno, graduó de ídolo a Armani, rescató un estilo de juego y dio el salto de calidad con los goles de Miguel Borja, ha sufrido múltiples transformaciones tras doce meses de la hazaña. Un ciclo que parecía interminable, de repente se vio interrumpido por la salida de piezas que difícilmente podrán ser reemplazadas, de un dirigente y un cuerpo técnico exitosos. 

De #Aquel27DeJulio, como recuerdan en la redes los hinchas este día, permanece el trofeo en la vitrina, que de vez en cuando sale de ahí para recordar que es el actual rey de América y que muy pocos pueden tenerlo. Asimismo, quedan los ídolos, quienes fueron estandarte del logro con atajadas de otro planeta, carácter y liderazgo, y pases quirúrgicos a los goleadores. Tres leyendas que aún invitan a soñar. 

Precisamente Henríquez es el baluarte que sostiene al equipo hoy por hoy al proyecto. Del capitán, uno de esos legendarios que aún sobreviven de la Copa, su voz siempre retumba fuerte en el grupo, y su experiencia es quizá la mayor riqueza que tiene un grupo que se está reinventando con la llegada del cuerpo técnico liderado por Juan Manuel Lillo. 

De ese año perfecto queda una prueba. También se agarró de las entrañas del equipo y los fanáticos el himno que ayudó en la conquista: "Vamos todos juntos, la hinchada y los jugadores, a ganar de nuevo la Copa Libertadores...", sigue vigente y calentado para el 2018, en el regreso al certamen. 

Esta canción, que entonó por completo el Atanasio y que también se escuchó con fuerza en el Morumbí, y en el Olímpico Atahualpa, nació en Los del Sur, al ser compuesta por un miembro de la barra de Bogotá. Quedó como gran legado de esa historia, que volverá a sonar cada vez que el equipo luche por repetirla gloria continental. 

Golpe al proyecto 

Una vez levantaron el trofeo, ese que incasablemente buscaron con Osorio con el tricampeonato como motor, muchos sintieron que su ciclo estaba cumplido en la institución. Vencer a Independiente del Valle en el Atanasio Girardot, le dio licencia para partir a hombres como Sebastián Pérez, clave en la consecución del título, lo mismo que a Dávinson Sánchez y a Marlos, las dos joyas que Reinaldo Rueda sacó del anonimato y puso sin querer en Europa. 

También partió Alexander Mejía, en una decisión de Monterey que le dictó que debía regresar al fútbol mexicano, así Nacional fuera por siempre su casa. Pero antes de redondear la historia, ya habían emigrado Víctor Ibarbo y Jonathan Copete, quienes estuvieron en la primera fase del certamen. 

Así, uno a uno se fue marchando días después de consumar el sueño. De esa nómina que afrontó la copa solo quedan tres ídolos: Franco Armani, Alexis Henríquez, Macnelly Torres. Ellos llenan de luz el camino actual. También permanecen en la nómina Daniel Bocanegra y Diego Arias, a quien en ese torneo debió vivir bajo la sombra de la intocable dupla Mejía-Pérez. 

En medio de la desbanda, Rueda supo lidiar con las grietas, y consiguió la final de la Sudamericana frente a Chapecoense en el mismo año. Hizo al Verde campeón de la Copa Águila 2016, de la Superliga, de la Recopa 2017 y de la Liga I-2017, los últimos logros sin tener a esos jugadores de la categoría como Miguel Borja, Orlando Berrío y Alejandro Guerra, entre otros. 

Pero la ruptura de una era histórica y difícil de igualar empezó, tras la salida de los jugadores, en una dinámica normal, con la sorpresiva renuncia en marzo de 2017 de Juan Carlos de la Cuesta en medio de rumores y con una versión oficial sin mucho peso. El dirigente más ganador del club, con 11 títulos en 7 años de gestión, decidió dar un paso al costado para emprender proyectos personales. 

Con él se marchó exfutbolista Gastón Pezzuti, uno de los asesores del club que trabajó fuerte en la logística que desplegó el club para su viaje a Japón para el Mundial de Clubes. De esa salida poco o nada se habló. El argentino simplemente se apartó, y colabora junto a De la Cuesta en el proyecto Once Caldas que abandera Maturana. 

En medio de ese sismo se dio la sorpresiva eliminación de Nacional de la Libertadores en fase de grupos. Ni para Sudamericana alcanzó. Estuvo desconocido, con algunos líos internos que se tejieron durante el periodo de recuperación que Rueda tuvo por una cirugía de cadera. 

Llegó a la presidencia Andrés Botero, un hombre que no ha logrado calar en la afición, pese a su experiencia como dirigente deportivo. Hoy ha confianza en su gestión, en la que de entrada debió lidiar la decisión de Rueda y sus colaboradores de no continuar (junio 2017), algo que aún no perdonan en varios sectores, pues todo se desarrolló entre rumores de roces con Juan Pablo Ángel y diferencias del preparador físico Carlos Velasco con los jugadores. 

Hubo choque de versiones. Mientras Botero dijo públicamente que entrenador se marchaba por estar cansado y con problemas de salud, Rueda dejó claro que estaba vigorizo y recuperado, pero que“debía irse”, aunque no lo quería desprenderse del club. 

Reconstrucción

A partir de ahí empezó una etapa difícil. De incertidumbre. No hubo nombres rimbombantes como refuerzos. La historia del nuevo cuerpo técnico empezó con la impopular decisión de la institución de no contar con Elkin Blanco, figura en el título 16 de Liga. Con él salieron más de 15 jugadores en un proceso de reestructuración. Además está la novela protagonizada por Mateus Uribe y Andrés Ibargüen, que aún no finaliza. 

La llegada de Juanma Lillo, por tener un palmarés poco atractivo, no fue aprobada por una parte importante de la afición, y la mística en el estadio aún no ha regresado. Las tribunas se ven solas, pese a que poco a poco fue subiendo el número abonados (más de 12.000), pero en los últimos juegos las asistencias han sido de 14.167 espectadores con Bucaramanga y 16.833 aficionados ante Tolima. 

No obstante, el estratega español da algunas señales con su estilo de juego, Dayro Moreno sigue soportando con sus goles el proyecto, los jugadores creen en el DT y la llegada de Jeison Steven Lucumí y del venezolano Ronaldo Lucena invitan, de a poco, a creer de nuevo en la conformación de un equipo competitivo, que pelee por recuperar en 2018 su corona como rey de América.

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