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El tercer tiempo

Porvenir de la belleza

España tiene un buen patrón, la herencia de Luis Aragonés y de Vicente del Bosque, maestros del fútbol abierto y de calidad que ha heredado Julen Lopetegui. Cualquier disputa sobre el origen de esa belleza que anoche se vio en Albania es una mezquindad que tampoco hace bien al seleccionador actual. España juega bien, da gusto verla; no es óptima. Pero el porvenir es bueno.

Los personajes

Fue un partido diseñado por un sastre rácano. Hasta cuando perdía por 0-2, el equipo rojo siguió encerrado. Ante esa simpleza los esfuerzos estéticos de Thiago, de Iniesta y de Silva parecían flores en las grietas. Silva se consolidó arriba, y se dejó de gaitas; y Ramos reivindicó su nombre propio. Hacía tiempo que Sergio no jugaba un partido tan normal. Y Piqué: ya saben, la furia española.

Civilizados

Admira lo civilizado que ha sido el cambio de guardia en la Selección. Ni una palabra de más, ni una sonrisa de menos. Al contrario de lo que ha pasado en ocasiones precedentes, esa transición ha sido eficaz y tranquila, ha despejado escollos que parecían enquistarse, y que no llegaron a más gracias a la actitud serena de sus principales protagonistas. Comprobar eso es elogiar a las personas del fútbol.

El seleccionador

Los que disfrutamos de la España de Luis y de la de Del Bosque nos acostumbramos a la barba de la veteranía en el lugar del seleccionador. Como si el seleccionador (como el italiano que vimos el otro día) tuviera que ser un hombre entrado en años cuya bonhomía (caso de Del Bosque; Aragonés tenía más rejo) resuelve todos los problemas, incluidos los del vestuario.

La joven promesa

Por esa regla de tres se pensó que Caparrós o en Paco iban a caer en ese puesto, que finalmente fue para Lopetegui. El otro día escuché la entrevista que le hizo Manu Carreño en El Larguero, y observé que el excelente conductor de ese programa lo trataba de tú. Traté de imaginar si a Del Bosque lo trataban también de tú o de usted. Independientemente de eso, tengo una clave para explicar el tuteo.

Para mandar se necesita

En primer lugar, Carreño es mayor que Lopetegui; el nuevo seleccionador mantiene su apariencia de muchacho que no ha perdido la timidez de los primeros pasos adultos. Ahí lo ves, ceñudo en su sitio, con su escarapela al cuello, no muy seguro aún de que futbolistas, público y periodistas vean en él al que manda. Y vayan que si manda. Para eso hace falta autoridad, y ésta no se logra sino con hechos.

El antecedente

Del Bosque mandaba con los ojos, satisfechos o rojos de rabia según fueran las cosas. Su último enfrentamiento sin palabras con Casillas los dejó tocados a ambos. El modo de resolver esa diferencia del portero legendario con la Selección lo vislumbró su sucesor adaptando la conversación con la que terminó la riña a su modo de conducirse. Del Bosque era diplomático. Lopetegui es embajador.

La cuestión pendiente

Otras cuestiones pendientes dejó la etapa anterior. Ahora Lopetegui tiene que usar sus dotes combinadas con las de Del Bosque: resolver, sin crear un nuevo foco de infección, lo que se le debe decir a Costa y lo que se le debe decir a Ramos. Del tono de ambas conversaciones depende un juicio provisional acerca de las dotes que tiene el sucesor de Del Bosque.

La frase         

“Ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de conversación”

James Joyce, escritor irlandés, autor de Ulises