COLOMBIA

No será fácil con Petro en estado de negación

Gustavo Petro definitivamente no aceptará en ningún momento el triunfo de Abelardo de la Espriella, y esa será su estrategia para que la izquierda vuelva al poder.

Foto de archivo del presidente de Colombia, Gustavo Petro, mientras pronuncia un discurso durante un acto relacionado con la rehabilitación del Hospital San Juan de Dios el 27 de enero de 2026 en Bogotá, Colombia.
Diego Cuevas
José Luis Querubín
Actualizado a

No es algo que salió a última hora; es una estrategia que el presidente Petro venía cocinando desde hace mucho tiempo, porque tal vez se estaba preparando para un escenario que para él y los suyos era lejano, pero estaba entre las posibilidades. Tal como lo dice José Manuel Restrepo, vicepresidente designado, en su libro Al borde de la esperanza, “las palabras construyen realidades”, y Petro optó desde el inicio de su mandato por descalificar a la oposición: “cuando desde el poder se insiste en que los contradictores no son legítimos, se prepara el terreno para excluirlos de la deliberación pública”, asegura Restrepo. “¿Por qué sentarse a dialogar con supuestos mafiosos? ¿Por qué respetar al Congreso si están ocupadas sus curules por quienes odian al pueblo? ¿Por qué respetar decisiones judiciales si los jueces actúan como enemigos del cambio?” Esa fue la narrativa que utilizó Petro para poner en duda a la oposición y de esa manera descalificarla.

Ahora Petro está utilizando la misma estrategia, pero con el gobierno electo, al afirmar: “el presidente de Colombia no reconoce la legitimidad del gobierno entrante. Abelardo no ganó las elecciones”, y de esa manera logra un encuadre, o mejor conocido en psicología como “framing”, muy utilizado en política, para posicionar una narrativa de ilegitimidad sobre la elección de Abelardo de la Espriella.

¿Y qué permite esa narrativa?

Al encuadrar la elección de Abelardo de la Espriella en un contexto de ilegitimidad o cuestionamiento, lo que hace es ponerlo ante la opinión pública en una percepción de duda sobre la validez de su gobierno, y eso permite generar en la gente que sigue a Petro y, en general, en los demás ciudadanos, un velo de “legitimidad” en cualquier tipo de reclamo, crítica o rechazo a las decisiones de la nueva administración, lo cual estaría enmarcado en una “desobediencia civil” justificada ante sus seguidores a quienes Petro llama “el pueblo”.

Vamos a detenernos un poco en el llamado de Iván Cepeda, perdedor en la contienda presidencial, a una “desobediencia civil” frente a medidas que vayan en contra del “pueblo” y que puedan afectar el orden constitucional y los derechos ciudadanos. La “desobediencia civil” no aparece ni es mencionada en la Constitución colombiana como derecho o concepto específico, pero se entiende como parte de los derechos fundamentales relacionados con la libertad de expresión y la protesta.

Realmente, el concepto de “desobediencia civil” fue utilizado por Martin Luther King Jr. y Mahatma Gandhi, y tomado de Henry David Thoreau, quien en su ensayo Desobediencia civil y otros textos dice: “el único deber que tengo derecho a asumir es el de hacer en todo momento lo que creo correcto”, y de ahí se desprende que la conciencia individual debe prevalecer sobre las leyes del gobierno. Señala que, en el caso de que una ley sea injusta, los ciudadanos están en la obligación moral de no obedecerla.

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Lo complejo de esta narrativa es que no faltará algún organismo internacional que le compre la idea a Petro del supuesto fraude electoral, y por ende la “ilegitimidad” del nuevo gobierno, lo cual puede llevar a investigaciones que muy posiblemente no lleguen a nada, pero sí incomodarán al gobierno entrante y le generarán mucho ruido durante su periodo.

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