ATLÉTICO NACIONAL

Rueda, de cuidar ancianos en Alemania a Rey de América

AS sacó de su baúl una charla íntima que sostuvo con el técnico horas antes de la final de la Libertadores 2016. La cara más humana del artífice del título.

Reinaldo Rueda alza la Copa Libertadores ganada con Nacional en 2016
MEDELLÍN DIARIO AS

Se ganó a pulso el ingreso al salón de la fama de Atlético Nacional. Pero en la historia de Reinaldo Rueda Rivera hay mucho más que hazañas y títulos. Detrás del hombre que materializó el bicampeonato de Copa Libertadores hace exactamente cuatro años y que se convirtió en Rey de América se esconden páginas más terrenales y humanas que fueron abono en su exitosa carrera.

Cuando el talento del vallecaucano quedó corto para ser jugador profesional, el mundo conspiró para que su vida siguiera atada a la pelota, esa que lo llevó a citas orbitales con Honduras y Ecuador, y que le permitió dirigir en un Mundial de Clubes.

Rueda encontró en el estudio la forma de mantener el vínculo con el fútbol y, sin saberlo, Carlos Alberto Parreira fue una especie de mentor. Y aunque mantiene una debilidad por Brasil, el destino lo puso en Colonia (Alemania) para hacer un máster en altruismo mientras se capacitaba como entrenador.

A cuatro años del título de la Libertadores con Nacional, AS Colombia rescató una entrevista inédita que el director técnico de 63 años le concedió a pocas horas del partido definitivo con Independiente del Valle, en la que desgranó varios pasajes de su vida y reveló experiencias fuertes como cuidador en un ancianato en Alemania.

¿Cómo empezó su historia en el fútbol?

"Muy pequeñito. Tendría siete años o antes. Inicialmente mi infancia transcurrió en el Barrio Obrero en Cali, un barrio futbolero a morir. Después por temas familiares voy a Barrancabermeja, la tierra de mi padre. Y ya al regresar a Cali vuelve el fútbol por mis primos, por el barrio, por la escuela. Siempre estuvo el sueño de jugar fútbol, de estar en un equipo. Ahí empezó todo, a muy temprana edad".

Honestamente, ¿qué tal era como jugador?

"Normal. No tuve grandes condiciones. Lo intenté. En la escuela jugué siempre y en el colegio fui de la selección. Después en el pueblo intenté quedar en la selección, pero no fue posible. Jugaba en el equipo del barrio, después a nivel universitario, siempre con mucha pasión y dedicación. Yo quería estudiar medicina y estar metido en el fútbol".

¿Cuándo se inclinó entonces por la dirección técnica?

"Terminando el bachillerato, el papá de un amigo que fue profesor mío y era presidente de la Asociación de Entrenadores del Valle me inscribió en un curso grande con Carlos Alberto Parreira que hubo en Cali en esa época. Ahí creo que ya pensé en ser entrenador. Hablé con el profesor Parreira, y él me dijo qué hacer si no iba a jugar fútbol profesional y cuáles eran las posibilidades para proyectarme. Creo que ahí empezó a consolidarse porque fue mi primer curso como entrenador… en el 75, un curso FIFA, internacional y con nada menos que Parreira y José Bonetti, que fueron del cuerpo técnico de Mario Zagallo en el Mundial de México 70. Eso me marcó para siempre".

Usted se formó en Alemania. ¿Cómo fue esa experiencia?

"Mi ilusión era ir a Brasil por el curso que tuve con ellos y por lo que significó ese fútbol para nosotros en Colombia. Por esas cosas de mi Dios, justo llegó el convenio colombo-alemán cuando estaba en educación física en la Universidad del Valle. Conocí esa cultura y empecé una relación de afecto. Años después, la Liga del Valle me dio una beca para ir a estudiar a Alemania y decidí jugármela allá. Empecé a hacer las licencias de entrenador y a conocer por dentro esa idiosincrasia, esa formación del fútbol alemán, que quizá para nosotros se da un poco distante porque acá a veces impactan otras metodologías y filosofías sin tanta trascendencia".

¿Qué fue lo más difícil en ese proceso?

"Indudablemente que el idioma. Después, dejar a la familia y volver a ser estudiante. Ya vinieron las limitaciones de tener que moverme en bicicleta, trabajar en las horas libres y rebuscarme. Fueron inicialmente dos años de un gran aprendizaje. Superar la barrera del idioma y pasar los exámenes fue lo más difícil. Si no los pasaba, me tenía que devolver. También fue duro estar lejos de mi familia. Alejandra (hija) tenía tres meses y la volví a ver a los tres años. No me aceptaba. Decía que no era su papá. Reconquistarla fue una labor de varias semanas".

¿Qué otros recuerdos tiene de esa época?

"Cuando estalló la guerra del Golfo Pérsico en el 91 fueron momentos de mucha tensión. Los alemanes valoran mucho la vida porque ellos vivieron dos guerras consecutivas. Cuando estuve allá, se mezclaron varias cosas… que Alemania fuera campeón en Italia 90 y estar yo en la universidad allá. Varios de mis profesores estaban en el cuerpo técnico de las selecciones. Además, pude ver a Colombia frente a Alemania en el Giuseppe Meazza".

¿Fue a saludar a la Selección Colombia?

"Una de mis grandes alegrías fue haber estado en Villa Pallavicini con el doctor Maturana y el profesor Diego Barragán, asistir a los entrenamientos y compartir. El más cercano a mí era Carlos Mario Hoyos por el Cali. Fue muy lindo combinar esa estadía en Alemania, que coincidiera el Mundial de Italia 90 y que Colombia clasificara. Fue muy emocionante haber estado en Bolonia, Nápoles y Milán detrás de la selección nacional".

¿Qué equipos alemanes siguió durante ese ciclo?

"Combinaba las clases con ir a ver los entrenamientos de los clubes cercanos. Eran el Colonia, que tenía una base importante de la selección alemana con Paul Steiner, (Pierre) Littbarski y Bodo Illgner, el arquero en el Mundial de Italia 90. También al Bayer Leverkusen y al Borussia Mönchengladbach. Esos eran los equipos del circuito del Rin que veía con más regularidad".

¿En qué trabajó en Alemania?

"En mis horas libres cuidaba ancianos. En las noches los cuidaba. Trabajé muchos meses en ancianatos. Los bañaba, les llevaba los alimentos, los llevaba al baño, los sacaba a pasear en la silla de ruedas. Hice muchas horas por practicar el idioma y por hacerme mis marcos, en esa época no eran euros. Fue una lección de vida grande. Veía allá a personalidades como artistas, gente famosa y adinerada".

¿A quién de esas personas que cuidó aún recuerda?

"Había un señor que no era tan mayor. Seguramente había tenido un accidente cerebrovascular. Cuando me veía, me abrazaba y lloraba. No sé a quién le recordaba. Y había un matrimonio, los dos eran ciegos y amputados por diabetes. Me acuerdo tanto de Frau Linden. Esa señora la tuve hasta las 10 de la noche, la llevé al baño, le cambié pañales, la dejé lista y acostadita en su cama. Al otro día cuando llegué, ya no la encontré. Tenía 96 años. Esa noche se despidió. Hay muchas anécdotas… había una señora a la que yo le escondía los cigarrillos y los fósforos para que no fumara, y se enojaba y me trataba mal. Fueron muchas tardes y noches en ese ancianato".

¿Todavía habla fluido alemán?

"Yo lo mantengo. Hago un gran esfuerzo. Gracias a Dios voy a Alemania cada año, una semanita o si puedo me quedo más tiempo. Mantengo el contacto con los amigos y la gente del fútbol. Incluso con Nacional la gente está muy pendiente, algunos entrenadores, periodistas y compañeros. Ya con Internet y la globalización lo siguen a uno siempre. Es muy grato que aparte de lo que hemos logrado a nivel de selecciones, ahora estén viendo porque Nacional es internacional. Ha sido gratificante recibir esos mensajes".

¿Qué técnico marcó su carrera?

"El primero a nivel internacional fue Parreira. Y acá, lo que hizo el doctor Maturana con todos nosotros fue determinante. Nos enseñó a respetar la profesión, a darle estatus, a darle nivel, a darle jerarquía… a respetarnos entre nosotros mismos. En Europa tuve la posibilidad de compartir con Bobby Robson en un curso que hice con la Federación Holandesa y en el PSV Eindhoven cuando lo dirigió. Ahora como entrenador, un hombre definitivo indudablemente es Sir Alex Ferguson. Compartí con él cuando yo estaba en Ecuador y con Antonio Valencia como motivo. Ese señor es de otro planeta".

Un pasatiempo cuando el trabajo lo permite…

"Fútbol y fútbol (risas). Anteriormente hacía mucha fotografía, pero ya no. Hacía mucha fotografía deportiva que me servía de material didáctico para mis conferencias, pero ya ni eso hago. Mi papá desde pequeño me enseñó. Tengo una colección de cámaras antiguas. Después aprendí de edición de videos y me gusta mucho editar".

Un amigo que le deba al fútbol…

"Ha habido personas determinantes, pero sería injusto mencionar a alguna. Hay diferentes momentos. Hay tanto directivos como la experiencia con Alexis (Mendoza) de diez años consecutivos, jugadores con los que a pesar del tiempo y la distancia permanece esa relación de amistad. Yo le digo a los jugadores: 'si en algún momento yo me hubiera portado mal con Víctor Marulanda cuando él era sub-17 o con Juan Pablo Ángel cuando estuvo en las selecciones, yo no hubiera llegado a Nacional'. Tuve la satisfacción de compartir con ellos cuando eran juveniles. Siempre hubo respeto".

Tres canciones infaltables…

"Difícil porque son tantos géneros, pero 'Pensando en ti' de Cheche Mendoza, 'Te quiero mucho' de Diomedes Díaz y en cuestión de boleros 'Mi niña bonita' de Ortiz Tirado. Esa es por Alejandra cuando nació".

¿Qué significa estar tan cerca de un título internacional?

"Fue lo que nos motivó a venir a Atlético Nacional. Lo que le propuse al equipo el primer día que nos vimos. Esa fue la invitación que les hice a los jugadores. Les dije que venía de dos mundiales y que queríamos ir al Mundial de Clubes. Estamos cerca, pero todavía nos falta".