Iniesta es una ideología

Un pase a la distancia precisa, un disparo perfecto. También es un sueño que el fútbol se reserva para cuando no haya jugadores como él. Es un fabulador en el área que se aparece en lo más rudimentario del partido, como un muchacho que estuviera aprendiendo a ser anónimo. Iniesta es un profeta también; su organismo de futbolista escuchó el aliento de la belleza de un deporte en el que siempre sobresalen los callados. No ostenta nada, no pregona vanidad, no hace aspavientos, y cuando se enfada pide perdón, como un viejo monje seglar del fútbol.

Es un jugador como los demás, se alegra y se revienta a jugar, y aún así asciende a los pases celestiales y es capaz de jugar en todas las posiciones. Ninguno tiene lo que él demuestra: una calidad de la que no hace alarde. Ahora ya se puede decir que tiene un continuador, por unos años tan solo, que juega con el nombre de Leo Messi. Y Dembélé ya asoma. Los dos, el argentino y el francés, siguieron el aire de Iniesta.

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