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El jaleo creativo de Kovacic como mediocentro

Inacabado. Cuatro partidos consecutivos como titular han constatado el limitado desarrollo de Kovacic como mediocentro puro. Cuando el Madrid le contrató en 2015 lo hizo para sumar un centrocampista más a su plantilla, pese a que en el Inter había acumulado un escaso número de partidos en esa posición y había actuado en la mayoría como trequartista o escorado a la izquierda. El croata ha acreditado su potencial como interior en el Madrid, preferentemente en el lado izquierdo de la línea de tres de la medular, pero las bajas de Modric y Kroos le han invitado a apropiarse de unas competencias en las que no se siente a gusto. Su papel en la distribución levanta sospechas lógicas. Frente al Getafe, si es que repite como titular a tres días del encuentro contra el PSG, Kovacic tiene otra ocasión para prosperar como arquitecto del juego.

Como gestor. Apenas destaca en este encargo. Su comprensión asociativa deja mucho que desear, ralentiza la circulación, abusa de pases horizontales y su relación con los hombres de arriba no es fluida. Varane y Ramos fueron los jugadores con los que más conectó ante el Espanyol (11 y 10 pases dio a cada uno), un indicador de las dificultades que padeció en la creación. Su campo de visión es demasiado corto. Es un futbolista poco hábil en los cambios de orientación, a diferencia de Kroos y Modric, lo que facilita la estabilidad defensiva rival. Kovacic sólo promedia dos pases en largo buenos por partido por los seis de Kroos o los cinco de Modric. Los extremos, véase Lucas en Cornellá, afrontan insuficientes situaciones de ventaja por los apuros de Kovacic en los desplazamientos de cierta distancia.

El traslado ofensivo. Kovacic tampoco acostumbra a dotar de verticalidad al fútbol del Madrid. Sufre el equipo de Zidane para encontrar balones entre líneas bajo su dirección. Mientras Kroos, como retrato, cuenta casi hasta 23 entregas hacia zona de ataque por encuentro, el croata apenas llega a la decena. Las credenciales de Kovacic en esta función se circunscriben prácticamente al compromiso contra el Leganés en Liga. Se puede decir que aquella noche funcionó como un pivote. La estadística, esta vez, valoró su actuación: 91 pases, con más del 96% de acierto, y Asensio como enlace (20 entregas). Casemiro se inhibió de la gestación de la jugada y tomó posiciones delanteras. El marco apoyó a Kovacic. Con todo, el jugador croata no renunció a sus típicas conducciones extrañas en un mediocentro.

El zigzag. Nadie puede cuestionar las facultades de Kovacic para sortear rivales en movimiento. En Butarque y Cornellá, escenarios de ayer, completó los 14 regates que intentó. Sin embargo, el serpenteo con el balón del croata se aleja de las funciones habituales de un centrocampista al uso. Una jugada frente al Espanyol en el minuto 63 define esta contradicción. Kovacic recibió de Sergio Ramos casi en el borde del área madridista y recorrió el campo de punta a punta, eludiendo la presión de más de cuatro oponentes, para descargar a Bale en zona de remate. Su actitud condujo a una semiocasión, pero su temeridad de inicio pudo causar un mal mayor para el interés general de su equipo. El exagerado palique de Kovacic con el balón deteriora las transiciones ágiles que siempre han diferenciado al Madrid. No resulta por ahora un jugador fiable en la construcción.

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