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Amor y el Barça: la maldición de ser portavoz

Amor y el Barça: la maldición de ser portavoz

Es incomprensible que, con el festival de precedentes que arrastra el Barcelona el último año, Guillermo Amor, nuevo director de Relaciones Institucionales del club azulgrana, cometiera el domingo en ´'Movistar Partidazo' un error tan grueso ante una entrevistadora del nivel y la habilidad discursiva de Mónica Marchante. Amor es la nueva víctima de la maldición del portavoz en el Barça.

Hablar en nombre de un club tan gigantesco sin tomar precauciones suele tener consecuencias devastadoras. Sólo en 2017, Óscar Grau, CEO del club, abrió un frente con el vestuario cuando dijo que con la renovación de Messi había que tener “cabeza fría y seny”. Días después, Pere Gratacós fue apartado como director de Relaciones Institucionales con la FEF por decir que Messi “no sería tan bueno sin Neymar, Suárez, Iniesta y compañía”. Y ya en la Supercopa de España de este año, Pep Segura, nuevo mánager general del área de fútbol, metió la pata al culpar a Piqué de la derrota en la ida por su gol en propia puerta.

Amor, que parecía haber arrancado con cierto buen pie, metió la pata hasta el fondo el domingo. Primero, pareció demasiado precipitado en su anuncio de no hacer pasillo al Madrid. Debía llevar preparada la respuesta, bajó la guardia y se tomó la pregunta de Griezmann como una pachanga. 

El desliz le costará al Barça una denuncia ante el Atlético. Se lo ha buscado. Otra cosa es el código deontológico rojiblanco después del verano que se ha llevado con Vitolo y que propició una denuncia del Sevilla. Hay que entender al Atlético. El adiós de Griezmann parece inminente y el club rojiblanco debe quedar liberado de cualquier responsabilidad.

Señalar al francés y, de paso, al Barça, puede parecer una buena idea. Nadie sabe en qué quedará la denuncia del Atlético pero el Barça, desde luego, ya sabe que está en peligro y que, una vez más, el incendio ha partido de él mismo. El Barça, por cierto, tiene un portavoz oficial. Se llama Josep Vives. Y tiene la habilidad, por cierto, que no han demostrado Grau, Gratacós, Segura y Amor. No decir nada con todo el estilo y la galantería del mundo.

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