Tomás Roncero

Torazo en rodeo ajeno

Desde que llegó Di Stéfano en 1953, forjando el legendario espíritu irreductible del Madrid, jugar lejos del Bernabéu no supone un problema.

Tomás Roncero
Subdirector de Diario AS
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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Cualquier equipo desea jugarse los cuartos (o los títulos, en lenguaje puramente futbolero) al calor de su hogar. Las estadísticas siempre protegieron esa idea. Pero desde que llegó Di Stéfano en 1953, forjando el legendario espíritu irreductible del Madrid, jugar lejos del Bernabéu no supone un problema. Casi al contrario. Sin la presión de tu público, el equipo se suelta y despliega su talento sin ataduras. Cristiano es buen ejemplo de ello. De los 20 goles que ha metido en esta Liga, 11 los rubricó a domicilio. Igual que su equipo. Recuerden los seis goles en el Villamarín, los cuatro en Vitoria, Leganés y Eibar, o los tres en el derbi del Calderón (otro hat-trick del Bicho), El Molinón, Villarreal y en Anoeta. Brutal.

Por eso a Zidane no le da vértigo mirar la hoja de ruta del soñado Doblete que marca el calendario. No se gana Liga y Copa de Europa desde 1958 y toca jugársela en Granada, Manzanares, Vigo, Málaga (¿y Cardiff?) si quieren alcanzar el ambicioso objetivo. Al Madrid no le arruga jugar en ambientes hostiles. Al contrario. Sus futbolistas están criados en la adversidad, la presión escénica y la lucha fanática del rival de turno. Al Madrid nadie le regala nada. Ni lo necesita. Están preparados para el reto. Adelante.

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