El amor por la camiseta sí existe

Cuando Cristiano llenó el Bernabéu el 6 de julio de 2009 y gritó aquello de: “¡Un, dos, tres... Hala Madrid!”, tenía claro el portugués que ese iba a ser el equipo de su vida.

Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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Lo habitual es escuchar esta cantinela cuando se habla de los futbolistas de hoy día: “Es normal que se haya cambiado de equipo. Al fin y al cabo son profesionales y es lógico que vayan donde más les paguen”. Sin ir más lejos lo escuchamos este verano cuando Paco Alcácer dejó la capitanía del Valencia para ser suplente del Barça... Pero existe otra estirpe de jugadores que se identifican con una camiseta desde el primer día que se la ponen. Cuando Cristiano llenó el Bernabéu el 6 de julio de 2009 y gritó aquello de: “¡Un, dos, tres... Hala Madrid!”, tenía claro el portugués que ese iba a ser el equipo de su vida. Por eso merece un elogio colectivo del madridismo el rechazo que ha hecho el vigente Balón de Oro a ese ofertón de China que, desde el punto de vista humano, era prácticamente irrenunciable.

En siete años que lleva vistiendo de blanco, Cristiano ha ganado todos los títulos posibles con el Madrid. Colectivos e individuales. Y encima su adiós ahora hubiese dejado 300 millones de euros en las arcas del Bernabéu... Pero él no vino al Madrid para ganar dinero. Vino a hacer Historia. Ya la ha escrito. Y lo que le queda. Campeón, lo mejor está por llegar. ¡Qué grande eres, Cristiano!

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