El discípulo alcanza al maestro

Zidane hizo la mili en los banquillos al lado de Ancelotti. En ese curso recordado por el espléndido colofón de la Décima en Lisboa, el marsellés aprendió del maestro italiano dos virtudes esenciales para esta profesión: complicidad con el vestuario y personalidad en las decisiones. Zizou vio que no era necesario pegar gritos tribuneros ni regalar rajadas demagogas en las ruedas de prensa cuando venían mal dadas. En esa racha triunfal de Ancelotti la afición del Bernabéu aprendió a quererle por su facilidad para apagar los fuegos con una sonrisa y su inteligencia para ganarse a los pesos pesados del vestuario cuando tocaba arrimar el hombro. Zidane hablaba poco en esa época. Miraba, escuchaba y tomaba nota. Hizo un máster que ha resultado determinante para constatar felizmente, a día de hoy, que es el entrenador idóneo para el Real Madrid.

En aquella racha de 31 partidos sin perder consecutivos, Zidane adquirió el papel de referente para los canteranos, que alucinaban con el simple hecho de entrenar de corto al lado del que había sido su ídolo. Pero también los Cristiano, Ramos, Modric y compañía comprobaron su humildad en el trato con ellos a pesar de haber sido uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Ahora, Zizou es uno más del grupo. Le respetan por igual veteranos y noveles. Que siga la racha, míster