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Un punto de sonrojo

Inexplicable. El Madrid de Zidane recibió una lección en Varsovia. Ante un estadio con sus gradas vacías (y eso que los 300 aficionados que tuvieron permiso para entrar al recinto del Ejército Polaco atronaron con sus gritos gracias a los micrófonos de ambiente), los de negro (vestimenta que me da mal fario en la búsqueda de la Duodécima) se extraviaron en un partido que tuvo ganado, después perdido y finalmente empatado. No me gusta utilizar la palabra soberbia cuando hablo del equipo que llevo en lo más profundo de mi corazón, pero no encuentro otro pecado más descriptivo para explicar qué sucedió después del 0-2. Seguramente creyeron que ante el sexto de la Liga polaca no era necesario poner más carne en el asador. ¿Quién podía imaginar que estos soldados con botas del Ejército Nacional podían dar la vuelta a una tortilla que parecía tan española? Cierto que pudo ser peor. De hecho, el gol heroico de Kovacic fue balsámico y puede que hasta nos acordemos del croata el día que se certifique en diciembre el pase para los octavos de final. Pero el plan no era este. Zizou, sin duda, creyó que el enemigo tenía balas de fogueo y no cartuchos con pólvora. Quiso salvar al soldado Benzema y reinventó una delantera de cuatro que acabó siendo su cruz. Ante un centro del campo capitidisminuido, los legionarios del Legia empezaron a buscar las cosquillas a una defensa que mostraba grietas (especialmente por la banda del reaparecido Coentrao) con un Keylor inseguro que no ha cogido aún la forma al regreso de su lesión. Todo fueron malos presagios...

El retrovisor. Cierto que el debate se va a intensificar estos próximos días en torno al asunto de la delantera de cuatro hombres y la insistencia en la BBC a cualquier precio. Pero si antes del partido nos dicen que el Madrid va a meter tres goles, ni un solo vikingo hubiese puesto una ‘X’ en su quiniela. Lo que no tiene justificación es recibir tres goles por parte de un Legia voluntarioso y ramplón que los mete hasta de puntera (¿verdad Radovic?). No quiero pensar qué hubiera sucedido si estos trotones del Legia hubieran contado en la grada con el apoyo de su musculada y ruidosa afición. Mejor así. Cuantos menos testigos de los sucedido, mejor...

Bale, OK. El galés justificó su justa renovación de la semana con un primer tiempo modélico. En 57 segundos ya firmó un golazo exprés de volea que debió tumbar en la lona a los polacos. Gareth insistió y de cada intervención suya salía un “oooh” de los pocos privilegiados que había en las tribunas. De su inercia ganadora, unido al trabajo incansable de Morata, llegó el 0-2 de Benzema. Karim, que va viendo las orejas al lobo, apretó y mostró mejor actitud que otros días. Pero desde el 0-2, apagón general. Sesión de baño, sauna y masaje. Y así llegaron tres chicharros seguidos del Legia. Ni ellos se lo creían. Normal...

Apuro. Con todo, el Madrid depende de sí mismo para ser primero de grupo (lo conseguirá si derrota al Sporting en Lisboa y al Borussia en el Bernabéu). Pero me muestran su preocupación Nino Capel de Albox, Paco Coterillo de la Peña Oporto, Santi de Valdemoro, Sergio de la Peña El Prat (tranquilo valiente, esto tendrá un final feliz), Garci de la Peña Calceatense, y las peñas Águila Blanca (son polacos y no merecían esto), Begíjar (Jaén), Paracuellos del Jarama, La Gran Familia y Capote y Montera. Estos últimos vieron en la grada el fiasco. Y Lucas envió al larguero. ¡Vaya palo!