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Noche gozosa. Corren buenos tiempos para el madridismo militante. Desde la noche mágica de Milán (28 de mayo, Undécima forever), sólo se suceden las buenas noticias para esa afición sabia y paciente que el pasado verano estaba masticando barro y ahora sólo huele rosas y saborea vino con denominación de origen. Zidane propuso ante el histórico Stade de Reims un partido de pulso suave para que los jugadores con problemas se reivindicasen. Fue una noche terapéutica para James. El colombiano anda con el gallinero revuelto por su alarmante bajón del curso pasado. Anoche era un partido peligroso para él. Cualquier acto de indolencia hubiese sido castigado por ese Bernabéu generoso con el generoso, valga la redundancia, y fiscalizador con la falta de compromiso. Pero el colombiano se rebeló contra su incierto futuro y terminó con la grada apoyándole y festejando un gol que se convirtió en una carta de recomendación para su entrenador. En la posdata ponía “Zizou, crea en mí por favor”. También fue la velada en la que Bale, Modric y Kroos dejaron claro que están listos para dar la cara el domingo en el estreno liguero de Anoeta. Y sirvió para que Morata se quitase la ansiedad con el gol al firmar el 3-1 con un cabezazo académico y digno del mejor nueve de España. Como dijo Séneca: “La suerte es cuando la preparación se encuentra con la oportunidad”. Álvaro debe guiarse por esa filosofía emocional para hacer historia en el club que ama desde chiquillo. Y por detrás aprietan lo suyo Nacho, que ya marcó en el pasado Trofeo Bernabéu, Mariano, un pitbull que huele la sangre como el tiburón blanco, y Enzo Zidane, que es mucho más que el hijo de ZZ. Y Ramos, eterno Sergio, cambió esta vez el minuto 93 por el 39. Genio.

El retrovisor. Con buen criterio, el club convirtió los minutos previos al Trofeo Bernabéu en una fiesta. Ramos y Marcelo, capitanes con galones, ofrecieron al pueblo la Champions y la Supercopa de Europa, como el buen torero ofrece sus dos orejas tras una gran faena. El rabo llegará si se gana la Liga, que desde hace ocho años es casi una quimera (sólo la excepción de 2012). Al nuevo césped sembrado y mimado en Arévalo saltaron también los ilustres ausentes, con Cristiano al frente de la tropa, secundado por Pepe, Benzema, Keylor y Coentrao. La familia unida es más fuerte. Nadie se pidió un día de chupetín para perderse la fiesta. Ni Asensio, el flamante fichaje de los últimos días (Zizou, tú sí que sabes), que abandonó el dorsal 28, el de los meritorios, y lució el 20 de Jesé. No le pesó en absoluto. Este chaval es un diamante. Cuando esté pulido, dará muchas portadas al AS...

Gento y Kopa, todos en pie. Cuando vi juntos a Raymond Kopa y al legendario Paco Gento me vino a la cabeza lo que siempre me dijo mi padre desde niño: “Tomás, si tú hubieras visto a aquel Madrid de las cinco Copas de Europa, todo lo de ahora te parecería una pérdida de tiempo”. Gento, ‘Míster 6 Copas de Europa’, y Kopa, que después de aquél 4-3 de hace 60 años dejó a su amado Stade de Reims y se sumó a los Rial, Di Stéfano y Gento para entrar en la leyenda. Combinaron en el saque de honor en un viaje maravilloso en la máquina del tiempo. Sonreían, compartían recuerdos... Hay que saber de dónde venimos, para saber adónde vamos. Sabio refranero. Me lo recuerdan los peñistas de Vilanova del Camí, Eurodís de Picanya, Peralta de Navarra, Benavente y Ramón, el chulaco mentolao de El Prat. Buena gente, madridistas de bandera.

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