Alerta roja III: Nostalgia del último gran América de Cali

América de Cali

Alerta roja III: Nostalgia del último gran América de Cali

Alerta roja III: Nostalgia del último gran América de Cali

Foto tomada de: americadecalilosdiablosrojo.blogspot.com

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La plantilla de Umaña y Escobar de 2008 tenía hambre de gloria y capacidad para reponerse de la adversidad. Recuerdos del último gran equipo americano.

Cali

Cuando mermó la efusividad del título, Diego Umaña manifestó la intención de publicar un libro en el que se revelaran los episodios que vivieron durante ese 2008.

Y se recuerda los reiterados retrasos en los sueldos del entonces heredero del club, Juan Miguel Rodríguez... las veces que Adrián Berbia y el capitán Carlos Valdés, sudorosos luego de terminar los partidos en el Pascual Guerrero, debían salir presurosos del camerino a corretear a la persona que recaudaba el dinero de las taquillas -les pagaban en efectivo, porque América no tenía acceso a cuentas bancarias por estar incluido en la Lista Clinton-.

De aquel esplendoroso América de 2008, también se recuerda una nómina que el entorno del fútbol repetía de memoria, la idea de juego que el DT llegó a comparar con la de un equipo de la liga inglesa; la evolución de Pablo Armero, el protagonismo de Adrián Ramos, las sucesivas victorias, y a la barra popular coreando “¡Ahí está... es el equipo de Umaña y Escobar!”.

Convivió América con los triunfos y los choques con directivos. Era usual que algún integrante del equipo denunciara a los medios de comunicación que había atrasos en los salarios.

No obstante a ello, tenían hambre de gloria, transpiración e inspiración; tenían capacidad para reponerse de la adversidad.

Un exintegrante de aquel plantel recuerda que previo al juego de vuelta de la final del Apertura 2008 contra Chicó, el entonces propietario del club llamó a Tunja para informarles que no había dinero para pagarles el premio en caso de que lograran el campeonato, porque los ladrones se le habían metido a la casa y se le llevaron el dinero.

Esa noche en el estadio La Independencia, la final se definió por penaltis. Por América fallaron Adrián Ramos y Paulo César Arango. Chicó se convirtió en el campeón del fútbol colombiano.

Pese a ello, América no disminuyó su ímpetu. Los jugadores sostenían que lo hacían como un reconocimiento al esfuerzo de Umaña, quien además de la acertada orientación táctica, peleaba por los sueldos de sus dirigidos y otras veces, gestionó dinero con gente cercana al equipo, para repartirlo entre el grupo.

Gozó Umaña del respeto del líder, algunas veces fue permisivo con algunos jugadores díscolos, que pese a sus faltas, eran los primeros en la fila durante los entrenamientos, y en los partidos, entregaban el alma.

Comprendióel entrenador que sus dirigidos merecían espacios de diversión, por ello, cuando les correspondía jugar los sábados y ganaban, les decía que ninguno se podía quedar en sus casas, que todos debían salir a gozar de la noche caleña.

Le sobraba alegría a ese América, y la expresaban todos los días en el camerino de Cascajal al que solo tenían acceso los jugadores afro. Allí había música a alto volumen, ruidosas carcajadas y hasta bailaban. En el camerino contiguo, imperaba la tranquilidad.

“Que la gloria y la honra sea para Dios”, repetían, Berbia, Iván Vélez, Carlos Valdés, Pedro Tavima, Pablo Armero; Jaime Córdoba, John Valencia, Adrián Ramos, Paulo Arango, Víctor Cortés y Parra Cadena, la nómina base que celebró la decimotercera estrella del América, el último título de los ‘escarlatas’ en la A, el último gran equipo que motivó elogios hasta de técnicos y jugadores rivales.

Ese fue el último gran América, que superó al Medellín en la final del Finalización de 2008, en la ida (0-1 con gol de Cortés) y en el Pascual Guerrero se impuso 3-1. Adrián Ramos, Jamel Ramos (autogol) y Jaime Córdoba, marcaron los goles del campeón.

Un mar de hinchas vestidos de rojo abandonó jubilosos el Pascual la noche del 21 de diciembre de 2008. Fue la última vez que sonrieron, que se sintieron orgullosos.

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