El doble filo de los debates presidenciales
La recomendación de los asesores políticos para aquellos que lideran las encuestas es, generalmente, que eviten participar en debates.
Existen varias razones para que los candidatos punteros se nieguen a asistir a estos eventos o a dar entrevistas en las que se sientan vulnerables. Una de ellas es minimizar o evitar errores, ya que los debates son escenarios de alto riesgo, propensos a múltiples preguntas y contrapreguntas que son difíciles de eludir. Otra razón es mantener la ventaja: a un candidato que encabeza las encuestas no se le aconseja arriesgar su posición en un entorno donde podría ser atacado y salir mal ante los otros candidatos y sus electores.
Audiencia
En la calle, en una tarima o con seguidores, no se habla igual que en un debate, porque en el debate hay múltiples audiencias y eso hace que el candidato salga de su zona de confort. La disertación debe ser diferente, apegada a la línea narrativa que está usando en la campaña, pero se debe “acomodar” el discurso para un público amplio, y tal vez eso es lo que no quiere hacer Iván Cepeda, además porque no es fácil. Se supone que el discurso debe ser uno solo, pero adaptado siempre a cada audiencia.
Los temas que interesan
Cuando se participa en un debate, los periodistas tienen escogidos los temas de coyuntura y los puntos débiles de cada candidato para hacerlo atractivo e interesante, pero no siempre sale como se planea, porque generalmente el debate se concentra en los punteros o más opcionados, según las encuestas. Tal vez por eso es que en esta oportunidad solo se piensa en el candidato del oficialismo y los de la oposición.
La caída en las encuestas por errores
El gran miedo de los que van punteando está en los errores que se puedan cometer o en las reacciones que puedan tener frente a preguntas incómodas. Por eso, durante los recesos de los debates, siempre los candidatos hablan con sus asesores y les preguntan qué tal van y si tienen que mejorar, pulir o suavizar su posición frente a algún tema.
Y los demás…
En cambio, en el caso de los candidatos que no puntean como favoritos, es diferente. Ellos, al contrario de los favoritos, esperan con ansias que los inviten a cualquier debate, porque desafortunadamente para ellos, los medios y los analistas se guían por las encuestas, así muchos digan que no creen en ellas y que solo son una fotografía de lo que pasará.
Debate Kennedy contra Nixon
Este es muy recordado porque fue el primer debate presidencial que se realizó en televisión en Estados Unidos y el mundo. Marcó un hito en la historia de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Los dos candidatos generaron una percepción diferente: John F. Kennedy se vio como un joven carismático que mostraba modernidad y cambio. Por otro lado, Richard Nixon, quien era el vicepresidente de Dwight D. Eisenhower, no le fue tan bien en la imagen que dejó durante el debate presidencial, porque se veía desgastado tras la gestión de Eisenhower. Esto quiere decir que los debates siempre serán importantes, pero en ellos también se corre un gran riesgo si no se está lo suficientemente preparado o no se tienen las habilidades y la asesoría adecuada para generar una buena imagen y salir triunfante. Esperemos que se den debates antes de la primera vuelta presidencial, porque de otra manera será muy difícil saber qué tan bien o no están preparados los candidatos para liderar el país.
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