OPINIÓN

Cepeda vs. Hobbes: ¿es legítimo desconocer a de la Espriella?

La desobediencia civil es el marco en el que decidimos movernos cuando no estamos de acuerdo con algo.

Cepeda vs. Hobbes: ¿es legítimo desconocer a de la Espriella?
Sergio Acero
José Luis Querubín
Actualizado a

Realmente no existe algo tal como la desobediencia civil, es decir, filosóficamente sí se puede hablar en ese marco, pero no legalmente. Es por esa razón que se habla de legitimidad y no de legalidad. Lo legítimo tiene un fuerte componente subjetivo. Es algo que cada persona valida, en su individualidad, en su forma de pensar y ver la vida, como justo. Algo muy diferente es la legalidad, lo cual es precisamente a lo que como sociedad y mediante consenso o acuerdo hemos llegado para evitar que los humanos pasemos ciertos límites.

Un ejemplo diciente y gráfico sobre lo que es la desobediencia es el caso de los hijos y los padres. Los hijos generalmente caemos en desobediencia a nuestros padres, pero esa situación no puede ser permanente, porque nos cae la ley de la mamá o del papá. Generalmente todos desobedecemos a nuestros padres cuando estamos pequeños, pero es algo pasajero, porque vivimos en el marco de las reglas de los padres, y si no nos ceñimos a ese marco, nos cae la autoridad parental, así nos parezca que los padres, en algunas decisiones, puedan ser injustos.

Henry David Thoreau, en su texto fundacional del concepto moderno de “desobediencia civil”, dice al respecto: “Pienso que antes que súbditos tenemos que ser hombres. No es deseable cultivar respeto por la ley más de por lo que es justo. La única obligación a la que tengo derecho es a la de hacer siempre lo que creo justo”, es decir, que en la subjetividad de cada persona podemos entrar en desobediencia civil frente a muchas cosas que consideramos injustas, pero que desafortunadamente son legales, y la ley se debe cumplir así no nos guste. Podemos cambiar la ley, ¡claro está!, la misma ley permite eso, pero mientras tanto, debemos permanecer en el marco de ella.

Thomas Hobbes, en su libro Leviatán, habla sobre la legitimidad del poder soberano, aunque debo aclarar que la noción “legitimidad” no la maneja en el libro, pero es muy similar el concepto. Realmente, parafraseando a Hobbes, aclara que el poder del soberano se vuelve legítimo porque se lo da el consenso que lo originó, y eso lo vuelve ley, porque cuestionarlo pone en riesgo el orden mismo.

John Locke y Jean-Jacques Rousseau plantean que puede existir ilegitimidad en la ley si no cumple ciertas condiciones, como: expresar la voluntad popular y protección de los derechos, es decir que, según estos dos autores, la ley puede ser ilegítima.

Max Weber habla sobre el concepto “rational-legale Herrschaft” (dominación racional-legal) como una creencia arraigada en muchas personas sobre el poder, y lo explica anotando que un régimen puede tener unas leyes que están en el marco de la ley, pero que pueden perder legitimidad si las personas dejan de creer en ellas. Muchas dictaduras se sostienen legalmente de esa manera, pero sin una sólida legitimidad social.

Teniendo en cuenta lo anterior, y por lo siguiente dicho por el mismo Cepeda —quien exige que el presidente electo Abelardo de la Espriella renuncie a su ciudadanía estadounidense y aclare si perteneció a alguna agencia de seguridad de Estados Unidos—: “Si estas condiciones de legalidad no se cumplen, como líder de la oposición y candidato que obtuvo más de 12 millones 700 mil votos en la elección del veintiuno de junio, no me prestaré para esta violación de nuestra soberanía y emprenderé el camino de la desobediencia civil pacífica, que implica no reconocer la autoridad de alguien que no responde a la defensa de la soberanía nacional”, es que el senador Iván Cepeda no reconocerá la autoridad de Abelardo de la Espriella si no se cumplen sus exigencias, porque el marco conceptual de Cepeda está alineado con lo que dice Henry David Thoreau sobre “hacer siempre lo que creo justo”, y comparte con John Locke y Jean-Jacques Rousseau aquello de que la ley, en este caso, es ilegítima. Y totalmente en contra de Thomas Hobbes, en aquello de “el poder del soberano se vuelve legítimo porque se lo da el consenso que lo originó”, y se acerca mucho a Weber en que algo legal puede perder legitimidad, según lo considere el pueblo.

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