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La Libertadores de América y lo que no tiene precio

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En tiempos de análisis tácticos en real time, GPS, kilómetros recorridos, mapas de calor... (todo muy interesante y relevante para la evolución del fútbol) cada tanto aparecen imágenes que nos transportan a ese rincón de la pasión genuina: las lágrimas de Dário Essugo en su debut en Sporting, la sorpresa de Édgar Badía cuando Leo Messi le pidió la camiseta, la dedicatoria del Pulga Rodríguez a un abuelo hincha de Colón que partió. Si el deporte no emociona, ¿para qué?

El fútbol femenino tiene ese poder. A pesar de su lucha en escenarios en los que se le cuestiona y exige sin contexto, los logros de las jugadoras contagian a los aficionados de cualquier equipo e impactan otros entornos. Hoy vimos y escuchamos a mujeres comentaristas, relatoras y analistas. Una transformación imparable. Son años de trabajo de muchas personas, pero en ocasiones la historia cambia en segundos: una pelota que se escapa, un balón en el travesaño.

Años atrás, la idea de que una mujer se dedicara a patear una pelota parecía producto de la ficción, incluso para una familia que siempre apoyó el talento de su hija. "La primera vez que le dije a mi mamá que quería ser futbolista -tenía 6 o 7 años- me dijo 'Ay mija, el fútbol femenino no existe', pero dentro de mi cabeza existía", contaba Catalina Usme horas antes de la final ante Ferroviaria. Existe gracias a la convicción de muchas y muchos que desde su lugar decidieron cambiar la narrativa.

Catalina –como muchas niñas en el mundo- se hizo futbolista jugando con varones, ahí demostró que lo único que la hacía diferente del resto era su excepcional habilidad con la pelota. Veintitantos años más tarde, no solo cumplió la promesa de ser profesional sino que confirma su lugar de honor en la historia del fútbol colombiano al lado de Falcao, Willington, El Pibe y quien usted quiera. Los señores de los datos bien lo pueden corroborar. Es una referente.

América de Cali es subcampeón de la Libertadores por obra de Luciana -arquera de Ferroviaria- y de los postes. Un club que apostó por un proyecto que permitió convertir el talento en un proceso, desafiando la mezquindad de algunos dirigentes hacia la liga femenina. Las mujeres que esta noche lloran en el José Amalfitani inspirarán a muchas otras que las ven desde casa a que todo es posible. Eso no tiene precio.

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