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Fútbol femenino y el peso del silencio

Durante 58 minutos Carolina Rozo puso en palabras eso que solo es posible dimensionar cuando se vive. El acoso sexual es un infierno. Sostuvo la voz firme, pausada, inquebrantable. Relató los hechos que la llevaron a denunciar a Didier Luna, técnico de la Selección Femenina Sub 17, por acoso sexual y laboral porque primero vinieron las insinuaciones no correspondidas, el asedio… luego la sobrecarga de trabajo, el hostigamiento. El infierno. La Fiscalía tiene el caso en sus manos.

Luna tiene derecho a la presunción de inocencia y al debido proceso, de la misma forma como Carolina tiene derecho a que su relato sea escuchado. En los casos de violencia contra la mujer, la decisión de denunciar cuesta. Revive el dolor que nace de la frustración. Durante mucho tiempo esas situaciones fueron normalizadas tras la figura del galanteo, luego llegaron las mujeres que dijeron BASTA y los acosadores de todas las industrias empezaron a caer.

Carolina le puso nombre y apellido a las denuncias, mientras la Federación Colombiana de Fútbol ha optado por el silencio. Entendible. En el último -y único- encuentro con la prensa sobre el tema, cada una de las frases de Álvaro González Alzate corroboraron que el fútbol femenino ha estado relegado y en manos de una dirigencia machista. Hoy en día no existe una estructura acorde con las necesidades de un proyecto deportivo que requiere visión y convicción.

Por supuesto, la responsabilidad penal recae en los acusados (a la de Luna se suma la denuncia del padre de jugadora –menor de edad- contra el preparador físico Sigifredo Alonso), sin embargo ante la gravedad de las denuncias es más que necesario que además de una investigación seria sobre lo ocurrido, la FCF cree mecanismos que aseguren la protección de las jugadoras y la oportuna denuncia. El fútbol femenino necesita responsables que garanticen su desarrollo desde lo deportivo y lo social.

El silencio pesa. También está pendiente la sanción a Gabriel Camargo por las declaraciones discriminatorias con las que menoscabó el trabajo de cientos de mujeres que le han dedicado su vida al fútbol. Así mismo, falta la respuesta a la carta de la Consejería para la Equidad de la Mujer, que le pidió a la FCF tomar acciones ante las denuncias. Esto no puede quedarse en un escándalo (o el tema de moda, como dijo González) debe ser el punto de partida para que se generen cambios profundos en el fútbol femenino.

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