presentado por
Competición
  • Champions League
  • Mundial de Clubes

La final del mundo

Llegó el día de la final de la Copa Libertadores y quedamos todos expuestos. Todos. Estas sociedades desiguales e injustas que gestan criminales disfrazados de hinchas y muchos otros sin uniforme, la incapacidad-omisión-complicidad(?) de las fuerzas policiales, dirigentes que privilegian el show por encima de la vida, jugadores que mientras el mundo arde riegan combustible con sus declaraciones, periodistas que cuestionan desde el ego y la falsa moral a sus colegas. Esa idea de que solo sirve ganar, devino -también- en todo esto.

Vivir un partido de fútbol en un estadio, celebrar un gol o llorar en la derrota es una de las pruebas más soberbias del poder social del fútbol. Une a muchos, por eso la pasión no debería satanizarse. Sí romper de una vez por todas con esos vínculos oscuros entre clubes y criminales que desde hace muchos años manejan el negocio de la intimidación disfrazada de aliento. Todos quedamos expuestos. Una sociedad sin educación. Gente sin miedo a morir y mucho menos a lastimar. El elogio a los vivos. A los que esconden bengalas bajo la ropa de una niña y a los que rompen pactos de caballeros.

Queda una tristeza profunda. El River x Boca nos puso de frente ante la complejidad de la realidad sudamericana. Problemas estructurales de los que no nos podemos sacudir solo con indignación y frases brillantes en redes sociales. La final nos expuso a todos. También a la CONMEBOL que tardó 24 horas en tomar una decisión tan correcta como legítima. Nada podía ser más importante que la integridad de los jugadores. Decidieron mal y ahora está en riesgo su credibilidad ante las federaciones miembro, la FIFA y el mundo. Querían hacer la Champions y salió la peor Libertadores de la historia. Ya nadie quiere saber nada de la superfinal. Un golpe de realidad.

0 Comentarios

Normas Mostrar