Boca-River, ¡quién estuviera hoy allí!

Sí, aquí ya hemos tenido dos finales continentales entre madrileños, pero nada que ver, créanme. Ni aunque se hubiera dado entre el Madrid y el Barça. Lo de Boca y River es otra cosa, porque ningún país siente el fútbol como aquel, y por lo mismo no puede tener una rivalidad así. En Argentina, el más respetado en la pandilla no es el que tiene más dinero, o la novia más guapa, o habla mejor. El más respetado es el que mejor juega al fútbol, y casi no hay insulto más hiriente entre muchachos que el de ‘patadura’, que significa que juegas muy mal. Sólo llegando a Papa, como Francisco, que fue un patadura, llega uno a redimirse de eso.

Nacieron, con pocos años de distancia, a principio del siglo pasado, en el barrio portuario de La Boca, donde los inmigrantes recién llegados se instalaban como podían. Un día, River se mudó a Núñez, barrio más acomodado, y eso le valió el apodo de ‘Los Millonarios’. Un siglo largo ha marcado una rivalidad única entre dos clubes identificados con capas sociales distintas, y también con estilos de juego contrapuestos. River tendió al refinamiento, que llegó al zénit en los años de ‘La Máquina’. Boca se acreditó con ‘la garra’, lo cual no obsta para que haya tenido como principal jugador e hincha al mago Maradona.

Boca es más en el conjunto de Argentina y en el Gran Buenos Aires; en los distritos centrales gana River. Boca tiene más éxitos internacionales, River más títulos locales. Cada partido entre los dos resulta un acontecimiento y para ellos idearon la palabra ‘Clásico’, que un día tomé prestada para los Madrid-Barça, entendiendo que habían alcanzado tal dimensión que se hacían dignos de encajar en ese término. Un periodista inglés que asistió a un Clásico en La Bombonera lo definió como ‘la experiencia deportiva más grande del mundo’. Hoy se enfrentan en partido de ida de la final de la Libertadores. ¡Quién estuviera allí!