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Machín y el dilema de los carrileros

Un dibujo diferente. Las dos últimas goleadas ante el Standard de Lieja y el Levante han devuelto la paz al Sevilla y han reforzado el trabajo de Pablo Machín. Al entrenador soriano, mecenas de la trayectoria del éxito del Girona, no le ha cambiado su llegada al Sánchez Pizjuán. Insiste en su particular sistema de tres centrales y dos carrileros y mantiene su querencia por un fútbol vertical. Es un equipo de atributos ofensivos (nueve ocasiones de gol por partido) y de jugadas de gestación rápida. La distancia media de sus pases supera los 20 metros. A la espera de que ajuste la estructura defensiva, se puede asegurar ya que este Sevilla, mejor o peor, se reconoce en su técnico. El Madrid soportó dificultades máximas la pasada temporada para hacer frente a la singularidad del Girona de Machín, incluso salió derrotado de Montilivi. No supo leer la profundidad de las bandas y los desequilibrios interiores que encontraba su rival. Es un precedente a valorar por Lopetegui.

Ejemplo cercano. El triunfo del Getafe hace dos jornadas en el Pizjuán puede señalar el camino para el Madrid. La estrategia victoriosa de Bordalás residió en su forro defensivo en las bandas. Navas y Aleix Vidal no lucieron por la contribución incansable de Amath y Portillo, siempre en ayuda al lateral. La parálisis del Sevilla por los costados cerró sus vías más frecuentes para progresar: el 39% de sus ataques se suceden en la derecha y el 34% por la izquierda. El esquema de Machín genera la duda de si son los centrocampistas o los laterales los que deben cerrar a los carrileros. Saber quién tiene que ocuparse en cada momento es clave. Bajo esta trama, las responsabilidades de Bale y Asensio serán de alto valor para un Madrid que fue incapaz de poner freno el curso anterior a la superioridad del Girona en las alas. Achraf y Marcelo, los laterales aquel día, salían de su zona para medir a los carrileros rivales y Portu y Borja García invadían su espalda. La desorganización blanca fue absoluta. Machín dispone de jugadores perfectos para interpretar esa función (Sarabia, Ben Yedder...). Asimismo, se prevé la carga de Navas sobre Marcelo. El sevillista ya supo aprovechar las indecisiones de Luna en el choque ante el Levante. Si el lateral granota saltaba al medio sobre Vázquez, Navas avanzaba hacia el hueco libre, teniendo opciones para ganar línea de fondo.

Jugador clave. El 0-2 del Getafe también mostró la cara negativa del Sevilla cuando Banega no está cómodo. Bordalás fijó y recortó al argentino, similar a la decisión de Lopetegui de emparentar a Modric con De Rossi en el duelo ante el Roma. Con un bloque alto, el técnico azulón acercó a Djené a Banega y también a Roque Mesa, los dos pivotes, y el Sevilla se confundió en la salida (172 balones perdidos). Banega apenas pudo girar y mandar. Significativo resultó que Gnagnon fuera el jugador con el que más combinó: 17 pases al central francés. Machín liberó al argentino de un acompañante en la medular contra el Levante y colocó a Vázquez y Sarabia como enlaces entre él y Ben Yedder y André Silva. Mejoró mucho al Sevilla en la escena ofensiva. Banega conectó con todos (ocho entregas a Navas, cinco a Vázquez, Sarabia y Vidal...).

La transición. El potencial del Sevilla en la contra también asoma como una de sus cualidades. La adhesión de Machín a este tipo de fútbol es una realidad. El conjunto hispalense desmanteló al Levante con acciones ágiles cada vez que lograba recuperar el balón. El Sevilla registra 18 contraataques por partido y sabe estirarse con envíos largos (43 de media). Ben Yedder es la referencia. Su habilidad en el desmarque confiere al Sevilla de una opción al espacio si se ve apurado con la presión adelantada del Madrid. El planteamiento original de Machín impone la réplica de Lopetegui.

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