Final de la Vuelta, fiesta de Madrid

Madrid tiene dos fiestas, San Isidro y la Paloma. En los cincuenta y sesenta tenía otra, la final de Copa, que siempre se jugaba aquí, y casi siempre con el Athletic, cuyos hinchas alegraban la ciudad con su simpática jarana. Ahora la final o no es aquí o es un berrinche por el Himno. Pero he aquí que ese papel de ‘la otra’ fiesta de Madrid lo ha ido tomando la Vuelta a España, con sus finales en el circuito de la Castellana, el sprint final en Cibeles y la entrega de premios allí mismo. La gente sale y lo pasa bien viendo ese carrusel ciclista y mezclándose después con los corredores. En ningún deporte se puede estar tan cerca de los héroes.

Ayer hubo sesión triple, porque por la mañana fue la vuelta infantil de Cofidis, y luego la de las chicas, que ha consistido sólo (por ahora) en una contrarreloj por equipos el sábado y la prueba en línea en el circuito de la Castellana. Es un paso a algo que Javier Guillén, director de la Vuelta, pretende ir haciendo mayor poco a poco. Hay muchas chicas que montan en bici y muy pocas carreras buenas para ellas. En este tiempo en que el papel de la mujer crece tanto en todos los ámbitos, incluido el deportivo, sabe mal que el ciclismo se esté quedando atrás. Ahí tiene el CSD (que ahora felizmente dirige una mujer) un interesante campo de acción.

Esta Vuelta que ayer rindió viaje ha sido bonita y nos ha dejado la foto de un podio de futuro, con Simon Yates, Enric Mas y ‘Superman’ López. Enric Mas se ha erigido como lo que Contador anunció: la gran promesa nacional para pruebas de tres semanas, las que enamoran a nuestro país. Pero la Vuelta la ha animado como nadie Valverde, que vino “sin plantearme nada, a disfrutar del ciclismo” y así lo ha hecho. He aquí a un deportista que soporta bien la edad y que sabe gozar con su deporte con verdadero espíritu amateur. Llegó hasta donde llegó, y ya fue mucho. Él y el joven balear han hecho vibrar a la afición. Gracias a los dos. Y a todos.