Puerta cerrada y disciplina

A la vuelta del fiasco de Rusia, Luis Rubiales deslizó que había observado ciertos comportamientos indisciplinados en la concentración de la Selección. Luego fichó a Luis Enrique. ¿Casualidad? Puede ser, pero es evidente que el alto mando federativo tenía la intención de que en esta nueva etapa se impusieran unos hábitos más rigurosos y, sobre todo, que algunos jugadores tuviesen claro que no se les iba a permitir mandar ni dentro ni fuera del vestuario.

Las normas impuestas por ‘Lucho’, más que efectivas, son propagandistas. Nadie puede pensar que con Lopetegui reinase una anarquía en el grupo que perjudicase al rendimiento colectivo, habiendo estado dos años sin perder. Simplemente, había jugadores con mucha experiencia y ascendencia que consensuaban detalles de la convivencia diaria con los técnicos. Que al patrón del fútbol le pareciese que en Krasnodar los jugadores no estaban atados en corto ni disciplinados por el entrenador tiene que ver con que Hierro no era su entrenador, era un remiendo. Pero eso ya es pasado, ahora se impone como bandera la puerta cerrada y el rigor del nuevo míster, que tonto no es, y hace lo que quiere. Sergio Ramos dentro y Jordi Alba fuera, por mucho que a alguno le hubiese gustado justo lo contrario.

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