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Valladolid, un garbanzo en el zapato de Tebas

El partido de Valladolid ha venido a cruzarse en mala hora en las aspiraciones de LaLiga para elevarse sobre la estatura natural de nuestro país y confirmarse como fenómeno internacional. Resulta que el Valladolid no tenía el campo a punto y no sonaron las alarmas. Pudo buscarse un cambio de turno con la segunda vuelta, pudo, simplemente, aplazarse. Esas soluciones se están buscando ahora para el Rayo-Athletic, pues la Comunidad de Madrid no ve el campo en condiciones. Pudo, en caso extremo, obligarse a jugar el partido en su fecha en algún campo próximo. El Valladolid cometió un serio pecado de imprevisión.

Nada de eso pasó. Sí pasó que se jugó el partido en un campo impresentable y eso fue visto por muchos millones de personas en todo el mundo. Era el Barça, ahí jugaba Messi. La aspiración de Tebas de un espectáculo de alto rango internacional, en el que se pretende cuidar al extremo hasta la armonía de colores de las publicidades, quedó dañada por este estropicio evitable. El delegado de LaLiga en el partido no puso el grito en el cielo. El árbitro no reflejó nada en el acta. Los aficionados nos abrumamos viendo el partido sobre ese césped levantisco. A mí me recordó la grave lesión de Maxi Rodríguez en Murcia.

Viene en mal momento, decía. Tebas ha forzado mucho la máquina al acordar uno o dos partidos en Miami, sin hablarlo previamente con la Federación, que no se da por enterada, ni con la AFE, que se ha sublevado ante la pretensión. Piqué (el mismo del viaje relámpago a Orlando dos días antes del inicio de LaLiga, para cuidar su feliz iniciativa de la Davis) aprovechó el partido de Valladolid para torpedear lo de Miami. En este caso a Tebas no sólo le ha fallado la mano izquierda (le suele pasar) para pactar, también le ha fallado la retaguardia. Valladolid nos retrotrae a un pasado cutre y lo de Vallecas se suma.