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RUSIA-CROACIA

La suerte premia a Croacia que elimina al local, Rusia afuera

Así celebró Vida el segundo gol de Croacia.

REUTERS

Descomunal partido de Luca Modric en un partido agónico. Rusia, que se adelantó, también llevó a una Croacia superior a los penaltis.

El Mundial sumó otro héroe, Modric, al que la academia del fútbol quizá premie con un Balón de Oro. Ese juego ordenado, inteligente, absorbente del croata sobrevivió a una Rusia inspirada por Stajanov y que llevó al límite a Croacia. Los rusos se llevaron el maillot de la combatividad, antídoto contra su inferioridad en buena parte del torneo y cayeron en los penaltis. Esta vez la ruleta no fue rusa y acabó entregándose al menor, aunque fuese por un tubular.

Rusia terminó siendo un equipo con una misión, un grupo de futbolistas al servicio de un Estado que ha ido duplicado su objetivo sobre la marcha: esto iba de organizar bien, a mayor gloria de Putin, y ha acabado, de paso, en quedar bien en el campo, casi un milagro visto el trayecto de los últimos dos años. 

Croacia tiene mejor paladar, el centro del campo más fino del campeonato y vive en primavera, pero de salida perdió el factor emocional. Rusia ha hecho fortuna en el torneo como tragamillas, corriendo el doble que el adversario, disimulando con sudor su falta de encanto, refugiándose en la tribu y el entusiasmo. También en Cheryshev, comandante inesperado. Llegó al Mundial muy a última hora, después de ser ignorado durante dos años y en su momento más difícil en España. Estuvo a punto de dejar el Villarreal en enero y se daba por segura su venta en verano. Pero su izquierda ha sido capaz se remolcar una selección y un país.

En un partido poco normal, combinó con Dzyuba en el centro del campo, escapó al cerco de cinco croatas y metió un izquierdazo de película que cambió el guión. Ni Modric ni Rakitic, muy perseguidos, pudieron de salida descolocar esa doble barrera de Cherchesov. A Rusia le convenía que lo único que pasara fuera el tiempo. Y más tras su gol. Pero tuvo sus limitaciones. Una de ellas, echó el cable que necesitaba Croacia. Mandzukic progresó por la izquierda, probablemente extrañado de que nadie le diera el alto. Rusia se replegó fatídicamente hacia su portero y el exatlético esperó el momento para regalarle el empate a Kramaric.

Pasado el descanso y agarrado a Rebic, su jugador sorpresa, Croacia asumió su papel de equipo más influyente. Fue el comienzo del asedio, el asalto por los flancos (especialmente el de Vrslajko), la soberbia comandancia de Modric, el disparo al palo de Perisic que se vio dentro desde Zagreb y se salió en Sochi, el abuso del mejor sobre el peor. Rusia no llegó a la sumisión de la prórroga ante España, pero acabó tras las barricadas.

La media hora extra le dio otra oportunidad, con Croacia muy quebrantada físicamente, con su portero al borde de la rotura de fibras, con Vrslajko KO, pero un cabezazo de Vida, amagado y no tocado por Corluka, pareció decidir el pleito. No fue el fin. Otro cabezazo épico del Mario Fernandes condujo a los penaltis. Allí sobrevivieron, otra vez, Croacia y Modric, una megaestrella sin director de márketing.

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