Nunca fue España

Apagón total. Nunca hay despedida fácil de digerir, aunque sí las hay honrosas y menos dolorosas. No es el caso de la Selección en Rusia, destemplada todo el torneo y desconocida en casi todas las fases del juego. Contra la anfitriona reajustó sus desequilibrios defensivos, con un Koke notable hasta la tanda de penaltis, pero deslució en ataque, sin ingenio ni soluciones.

Toque vacío. De nada le sirvió superar los 1.000 pases en el partido, primera selección que alcanza esa cifra en un Mundial. La defensa de cinco de Rusia se le atragantó. Menos Ramos, Piqué y Koke, el resto del bloque jugaba casi siempre de espaldas. La indefinición de Silva, retraído otra vez, desenfocó todavía más el plan ofensivo. Ha pasado de puntillas por Rusia. Sólo las salidas de Iniesta y Rodrigo envalentonaron los ataques y dibujaron más posibilidades.

Descolocado. Isco, por decisión personal u orden del banquillo, bajó a la base de la jugada demasiadas veces. Se juntaba con Koke y Busquets en situaciones que no aportaban nada y se echaba en falta su desborde y pases de finalización en los metros finales.

Posición de los laterales. La Selección se empeñó en ubicar a Nacho primero, después Carvajal, y Jordi Alba como extremos. Esta actitud originaba una evidente incapacidad para sorprender al espacio y con desdoblamientos. En vez de aclarar las acciones hacían de tapones cuando Isco o Asensio partían desde la banda. Los carrileros rusos siempre ganaron la partida. España se va del Mundial con una crisis de identidad importante y un modelo que parece agotado. Se había quedado sin idea en defensa y ahora también sin juicio ofensivo.

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