Final de Kiev: 37 años después sí hay logos y las entradas llegan a 450€

Con tres rayas. Estos días es inevitable pensar en la final Real Madrid-Liverpool de 1981. Hemos barajado las cartas y ahora son los blancos los que parecen tenerlas mejores, pero el balón es caprichoso y en ocasiones bota a su antojo. Recuerdo las imágenes del Parque de los Príncipes, escenario tres años después de aquella otra final maldita, la de la Eurocopa, repaso en Youtube aquel partido con el Liverpool de rojo y el Madrid de blanco. Aquel fue el primer día en el que sus jugadores lucieron las tres rayas de Adidas. Se abría entonces un desfile de patrocinios que hoy día convierte cada nueva temporada en una pasarela.

UEFA lo prohibía. El Madrid dejaba el blanco impoluto, esa camiseta y pantalón a lo abanderado, y apostaba por tres rayas moradas. Posteriormente llegaría el primer patrocinador (Zanussi, en 1982), las flechas de Hummel o las zarpas de Kelme, para regresar años más tarde a la multinacional bávara. Y ahí sigue. ¿Y el Liverpool? Jugó a lo pirata, con un parche tapando el logo de Umbro que sí lucían en la liga inglesa. La razón: la prohibición de la UEFA a ese tipo de publicidad.

Reparto 17-18. Hoy día no se ponen puertas al campo, el dinero manda y la publicidad también, así que los logos sacan pecho en los pechos de los jugadores. Cinco marcas se repartían el pastel de la Champions 2017-18, aunque para ser precisos, los trozos del tiramisú iban del simple catar a la sal de frutas. Adidas esponsorizaba a catorce clubes (Real Madrid, Juventus, Bayern, United, Olympiacos, Benfica, Basilea, Feyenoord, Anderlecht, Maribor, CSKA, APOEL, Besiktas y Qarabag), Nike a once (Barcelona, Atlético de Madrid, City, Chelsea, Roma, PSG, Tottenham, Mónaco, Leipzig, Spartak y Shaktar), New Balance a cuatro (Sevilla, Liverpool, Celtic y Oporto), Puma a uno (Dortmund), Kappa a uno (Nápoles) y Macron a uno (Sporting Lisboa).

Espíritu Shankly. Treinta y siete años después de aquella final de París, todo ha cambiado. Los patrocinios se multiplican, también la red publicitaria de cada final y los precios de las entradas. Estos llegarán en Kiev hasta la cota de los 450 euros. No es de extrañar las quejas de unos y otros. “La intención de la UEFA de llevar el fútbol por toda Europa debería ser noble y honesta. Pero la realidad es muy diferente. La UEFA explota la final de la Champions al máximo”, se lee en el comunicado del Espíritu de Shankly, la asociación de peñas del Liverpool. El mítico Bill, que no sabía de logos, lo suscribiría de cabo a rabo.

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