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Cristiano arañó el listón de Fosbury

Tras la proeza. beIN midió la altura a la que Cristiano había alcanzado el balón: 2,23. Segurola me avivó la memoria ayer: hace cincuenta años, en aquel 68 de tantos prodigios que ahora vamos a recordar uno tras otro, Fosbury se presentó en sociedad con su salto de espaldas, que le dio el oro y el récord olímpico con 2,24. Aquella altura, que se hizo mítica entonces, la arañó Cristiano en Turín anteanoche. Nunca, que yo recuerde, se había alcanzado con el pie un balón tan arriba, y menos para reexpedirlo con semejante precisión a la portería contraria. Aunque hay alguien que protesta: Ibrahimovic, especialista en goles extraordinarios.

El fútbol es fenomenal, no cabe duda. Por mucho que uno haya visto, sigue encontrándose con cosas inéditas. Cristiano lleva, salvo error u omisión, 649 goles en su carrera profesional. Bueno, pues el último de ellos no se parece a ninguno de los anteriores. Algo tiene de algunas tijeretas anteriores (Hugo Sánchez regaló una perfecta, ante el Logroñés, pero no pilló el balón tan arriba), pero ha llevado la suerte a la perfección extrema. El fútbol mejora. En realidad mejora todo menos la fruta. Estas cosas que hacen los futbolistas de hoy en día son proezas inalcanzables en el periodo clásico, que tenía su sabor, pero no tenía estas cumbres.

En algo no ha mejorado el fútbol: los despachos. Volvemos de Turín y nos llega el bajón de que la elección sobre si Larrea o Rubiales no va a ser el lunes, sino que ha sido aplazada ‘sine die’. En la fecha fijada hay jornada de Liga, y eso es contrario a la ley electoral. Hay jornada de Liga de aquella manera, porque es lunes y hay un solo partido, pero ese partido es del Athletic, en el que juega uno de los asambleístas, De Marcos, y de ahí viene el lío. Solución: reproches cruzados y ‘patá p’alante, que están regando la plaza’. Clausurar el villarato está costando un triunfo. Ahora buscamos con linterna una fecha en la que no haya partidos.