El peso de Zidane

Trabajado. El Madrid salvó una visita comprometida a base de genio competitivo y con el seguro de vida que es Cristiano. Siempre estuvo en el partido aunque no fuera una mañana para el lucimiento general. Zidane administró ciertos detalles con acierto en su viraje cada vez más evidente de gestor a entrenador. 

Capacidad de sufrimiento. Le costó al Madrid salir airoso de la presión entusiasta del Eibar. Se vio forzado a jugar en largo para minimizar errores y el balón le esquivó (60% de posesión del equipo de Mendilibar en los 15 minutos iniciales), pero hasta en ese escenario no se apeó del encuentro.

Los centrocampistas. La mano de Zidane se notó en el cambio de postura que dio su equipo con el transcurso de los minutos. Casemiro, Modric y Kroos anticiparon y se estabilizaron en el campo del Eibar. El croata intuyó la entrega de Arbilla y generó un gol de la nada. Su posicionamiento resultó definitivo.

El movimiento. Zidane también atinó con la entrada de Lucas. No es que el gallego estuviera muy afinado, pero su agitación siempre tiene efecto. Con Isco en tierra de nadie, apagado por completo, la victoria se encontraba en la banda. Recuperación entre Carvajal y Lucas y jugada acabada por Cristiano, reparador de cualquier entuerto. 

Con los laterales

El 4-4-2 en rombo del Madrid propició que Modric y Kroos fijaran a los laterales del Eibar. El alemán tuvo que sufrir con Capa.

En busca de la debilidad

Bale, lúcido en la izquierda, y Cristiano se abrían a los costados para hallar el espacio entre el lateral y el central del Eibar de cada lado. Era lo adecuado.

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