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Mano dura con los ultras del PSG

La UEFA no podía mirar hacia otro lado. Lo ha hecho en otras ocasiones con el PSG, no hace falta recordar ese Fair Play Financiero que en más de una ocasión queda en papel mojado pese a las denuncias que llegan de norte a sur y de este a oeste, Javier Tebas incluido (aquello de "si dejamos que alguien que hace trampas compita, daña a los otros clubes"). Ahora, parece que la permisividad del club parisino con respecto a sus ultras será castigada. Hace falta ver en qué medida, aunque no sé por qué me da que todo quedará reducido a una multa económica.

Eso no vale, no vale para un club al que le sobra el dinero. Lo de los ultras del PSG alrededor del partido de vuelta contra el Real Madrid de octavos de final de la Champions no tiene un pase. Primero fueron las quejas tras el partido de ida, que iban mucho más allá del error arbitral. Luego, su previa en forma de vídeo, con esas imágenes que tenían su carta de presentación en la elocuente pancarta de 'C'est la guerre'. No hace falta siquiera traducir del francés al español. Basta el lema, las bengalas, los pasamontañas...

Lo sucedido en la madrugada previa al partido va mucho más allá de la gamberrada. Se me vino a la cabeza aquella eliminatoria Nápoles-Real Madrid de 1987 en la que los aficionados italianos también alteraron el sueño de los blancos a base de tambores y bocinazos. Pero en este caso, la bronca fue a más, con los gendarmes obligados a actuar. Horas después, las bengalas, los botes de humo o los punteros láser en las gradas del Parque de los Príncipes no hicieron sino confirmar lo que es un hecho: el PSG tiene un problema con sus ultras.

A la UEFA se le pide que actúe con justicia, sin que le tiemble el pulso ya que el PSG es reincidente en este tipo de polémicas. Los hay que incluso piden un castigo ejemplar. ¿Podemos ver con buenos ojos que un club permita a los violentos en su estadio? No. ¿Que les dejen encender bengalas y campar a sus anchas por las instalaciones del club? Tampoco. En las últimas semanas hemos sido testigos de incidentes que nos conducen a situaciones que creíamos superadas. No es buena señal. Nada tiene que ver el PSG con el Mundial, lo sé, pero no podemos ceder ni un ápice ante aquellos que al darles la mano te toman el brazo. Animar es parte del fútbol, es más, forma parte de su ADN, pero los ultras nada tiene que ver con eso: son una patada en la espinilla.

 

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