Chris Long: de despreciado a doble finalista del Super Bowl

Super Bowl LII

Chris Long: de despreciado a doble finalista del Super Bowl

Chris Long: de despreciado a doble finalista del Super Bowl

Patrick Smith

AFP

El defensive end de los Philadelphia Eagles aspira a su segundo anillo consecutivo tras haber sido considerado como un fracaso del draft.

Voy a presentaros a un hombre con una fuerza de voluntad que se escapa de la escala normal. Se llama Chris Long y juega como defensive end en los Philadelphia Eagles de la NFL. La cantidad de oportunidades que ha tenido en su vida profesional para rendirse han sido numerosas y, sin embargo, aquí lo tenéis, a las puertas de su segunda Super Bowl consecutiva. Ese cliché del giro de los acontecimientos, de la perseverancia como motor, definido en toda su gloria a lo largo de su curriculum. Y eso sin contaros, aún, que se ha pasado toda esta temporada jugando gratis, porque ha donado su salario íntegro a causas sociales. Bien merece que perdamos un rato con su historia.

Chris Long fue un chico al que se le consideró un fracaso del draft. Fue elegido por los (entonces) Saint Louis Rams con el número dos global en el año 2008. Cuando te escogen en el segundo puesto de un draft se espera de ti que seas una megaestrella, que seas capaz de cambiar el signo de tu equipo, de toda la franquicia.

Además, para añadir presión al asunto, Chris es hijo de Howie Long, una leyenda de la NFL, un tipo que es Hall of Famer y que es toda una personalidad televisiva del circo de la liga de fútbol americano profesional. La lupa estuvo sobre él desde el inicio, desde que dejó la Universidad de Virginia siendo una estrella de la NCAA.

Y no cumplió. En los dos primeros años sumó nueve sacks en conjunto. Sus habilidades para hacer cualquier otra cosa en el campo que no fuera perseguir al quarterback fueron puestas en entredicho y se convirtió en uno de los motivos de la perenne decepción de los fans de los Rams en aquella época.

Fue hacia arriba, en números, en las siguientes temporadas. Su buen hacer se truncó en 2014 y 2015, asolado por las lesiones. Cierto que consiguió levantar un poco su imagen y ser un muy digno jugador de NFL, pero abandonó los Rams tras ocho campañas decepcionantes para el equipo, mediocres para un número dos del draft en una de las posiciones esenciales en el campo y sin haber llegado nunca a ser candidato a jugar la Pro Bowl. Su carrera era, sí, un fracaso dadas las expectativas.

Como con tantos y tantos y tantos jugadores de este perfil, talentosos y alejados tanto de su mejor época como de lo que se esperaba de ellos, los New England Patriots decidieron darle una oportunidad en 2016.

Es una táctica que usan desde hace tiempo y que les ha dado notables resultados; lo esencial es que no comporta un gran riesgo, porque este tipo de jugadores ya están cobrando pipas y cacahuetes (2,4 millones de dólares, en este caso), y si el tipo se lo toma como la gran oportunidad para demostrar al mejor entrenador de la historia, Bill Belichick, que ha hecho bien en confiar en él, se ven con opciones de un insospechado anillo. Todos ganan.

Chris Long, a sus 31 años ganó. Serio y trabajador, encajó en la cultura de los Patriots y se convirtió en un hombre casi exclusivo de tercer down con poca presencia en el campo, en efecto, pero muy notable en su especialización. Fue parte importante de un grupo que llegó a la cima en la Super Bowl LI. El fracaso del draft de los Rams conseguía el título de la NFL con los Patriots.

Y, con su recién recobrada fe en sí mismo y su cartel de nuevo alzado en la liga, pudo firmar por dos años y 4,5 millones de dólares por los Philadelphia Eagles.

En Philly ha sido usado en el mismo rol limitado que en New England, y con un éxito similar. Ha aumentado en uno su cuenta de sacks, de cuatro en 2016 a cinco en esta temporada, y ha sido protagonista de una de las jugadas del año, en una presión fantástica a Case Keenum, el QB de los Minnesota VIkings, en la pasada final de la NFC; ese jugadón forzó la intercepción de su compañero Patrick Robinson, que supuso el cambio de momentum del partido, a la postre una paliza a favor de los Eagles.

Es por eso que Chris Long estará en Minneapolis para jugar su segunda Super Bowl consecutiva y ¿quién sabe? quizás para conseguir su segundo anillo en una carrera en la que lo que más le acompañó fue la etiqueta de "fracasado".

Habrá mucha gente que esté apoyándole para conseguirlo. No me refiero sólo a los fans de los Eagles y a aquellos que quieren que los Patriots pierdan, que no somos pocos, sino a los múltiples beneficiarios de uno de los actos de caridad más espectaculares del año en la NFL.

Chris Long lo protagoniza. A principio de año fue uno de los más activos en las protestas contra el himno y la bandera norteamericana, para denunciar el racismo en el país, en los prolegómenos de los partidos. La protesta era masiva entre los afroamericanos, y Long fue de los primeros de raza blanca en señalar que el problema era de todos, y que había que sumarse especialmente siendo blanco.

Además, él vivió de niño en Charlottesville, ciudad que saltó tristemente a la fama por disturbios en el pasado otoño ocasionados por miembros del Ku Klux Klan y nazis. Muy afectado por lo ocurrido, decidió donar todo su sueldo del año a proyectos educativos de inserción e igualdad en las tres ciudades donde había jugado: Saint Louis, Boston y Philadelphia.

Dijo Long: "En mi décimo año en la liga, quiero celebrar la increíble oportunidad de haberme dedicado profesionalmente al football y quiero devolver algo a las comunidades que me han permitido este regalo de vida. La igualdad en las oportunidades educacionales es la mejor puerta para un mañana mejor en todo Estados Unidos". Y refrendó sus palabras con hechos: todo el salario de la temporada.

Es por eso que Chris Long puede presumir, sin que nadie le vaya a poner un pero, que está en la Super Bowl LII por puro amor al deporte, por puro reto de superarse a sí mismo, de superar a aquellos que le tildaron de fracasado y con la seguridad de que a nadie, a nadie, le va a parecer mal su éxito.

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