El dinero de la televisión alza a la NBA frente al fútbol

El dinero de la televisión alza a la NBA frente al fútbol

La NBA es la que más mima a sus jugadores cuando de dinero hablamos. Según el último informe Global Sports Salaries Survey 2017 de Sporting Intelligence, la Liga norteamericana ha introducido a 17 de sus franquicias en el Top-20 en términos de salario medio. Solo PSG, Barcelona y Madrid soportan la zancada, cada vez más las largas, de una competición que se marchitaba a la sombra de la NFL y la MLB en sus orígenes. Luego llegarían los ochenta con Magic y Bird y el crecimiento en Estados Unidos; los noventa de Jordan y la expansión internacional y el Siglo XXI y la dominación mundial. Nunca antes se había visto tanto talento junto: LeBron James, Stephen Curry, Kevin Durant, James Harden, Giannis Antetokounmpo, Ben Simmons...

Esta acumulación de calidad consagrada y nueva junto a la perfecta gestión de David Stern primero, y de Adam Silver después, permitieron derretir a las grandes cadenas de televisiones. Disney (ESPN y ABC) y Turner (TNT) firmaron un contrato por 24.000 millones de dólares por nueve años (desde 2016 y hasta 2025). Hablamos de 2.666 millones por temporada, repartidos de forma lineal. Una cantidad que cada franquicia aumenta con acuerdos locales, entradas para cada partido, venta de productos varios… un largo etcétera que aumentan unos ingresos cuyo 50% va directo a los jugadores. Sin intermediario. Sin juegos. Incluso parte de la nueva publicidad de las camisetas va obligatoriamente al bolsillo de los jugadores.

Un porcentaje que no aparece por arte de magia. Proviene de la lucha del poderoso sindicato de jugadores de la NBA, donde Pau Gasol tiene un puesto, para conquistar lo que es suyo. Una unión que detiene la competición (han provocado cuatro cierres patronas –lockout- desde 1995) hasta llegar a un convenio colectivo que sea justo para todas las partes. Presión y solidaridad de los actores principales con los secundarios para distribuir el gran montante puesto sobre la mesa por la pequeña pantalla, que agradece un juego cada vez más vistoso y cuidado hasta la saciedad. Esa es la clave. Ese es el valor de la Liga norteamericana. 

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