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Se fue Maradona... y se ganó la Liga

Se fue Maradona... y se ganó la Liga

La primicia del fichaje de Maradona por el Barça la tuvieron los espectadores del Palau Blaugrana. Eran los años en los que el quinteto que comandaban Solozábal, Epi y Sibilio permitía aliviar el pesimismo culé. Un balón palmeado sobre el aro por el ya casi jubilado Santillana forzó el primer playoff de la historia de nuestro básquet, un partido de desempate entre el Madrid y el Barça que ganaron los azulgrana. Núñez decía entonces que sólo ‘tocaba’ hablar de baloncesto y José María García le recordaba cada noche que el nombre de la entidad era Fútbol Club Barcelona.

En el descanso de un partido contra el Madrid dejó de sonar la música del Palau. Se hizo el silencio y de pronto atronó la megafonía como si fuese un mensaje de Twitter. “Atención, atención. La junta directiva informa oficialmente de que Diego Armando Maradona ya es jugador del F. C. Barcelona”. La grada lo celebró con saltos, casi invadiendo la cancha, como si Epi hubiese anotado la canasta decisiva, o palmeado nuevamente Santillana, o machacado bajo el aro Marcelus Starks o Mike Davis.

El fichaje de Maradona llevó dos años de gestación y negociaciones que abarcaron a dos equipos, Argentinos Juniors y Boca, una agencia, Maradona Productions, un mánager, Cyterszpiler, y hasta un general de la junta militar de Videla cargado de medallas. No se diferencia mucho del lío que debió ser el fichaje de Neymar. Cuando todas las partes tuvieron lo suyo se entrometió la Hacienda española, que quiso vetar la contratación alegando que aquello era una fuga de divisas de 1.200 millones de pesetas. Se descarta que ya entonces Florentino tuviera mano en la Moncloa. Pujol descolgó un teléfono desde la Generalitat y desde el ministerio le tranquilizaron: “Tranquil, Jordi, tranquil”.

Era junio de 1982 y el Barça llevaba casi una década sin ganar la Liga. De la penúltima se cumplían entonces 22 años, en tiempos de Kubala. Por eso la contratación de Maradona, el indiscutible número uno mundial, se aguardaba en Barcelona con la ansiedad vivida en las vísperas del fichaje de Cruyff, que traería al Camp Nou el primer título de Liga tras 14 años de espera.

Pero la llegada de Diego no surtió el efecto de la de Johan. En sus dos temporadas nos dejó sólo una Copa del Rey ante el Madrid (la primera vez que vimos llorar a Núñez) y aquel invento del propio presidente del Barça, la Copa de la Liga, conquistada también al equipo blanco, y con uno de los mejores goles de todos los tiempos.

Cuando al final de su segunda temporada el Nápoles se interesó por el argentino no hubo nada que hacer, como ahora sucede con Neymar y los petrodólares del PSG. Maradona llegó a coger de la sala noble del Camp Nou uno de aquellos inmensos trofeos Teresa Herrera y ante la mirada alucinada de Nicolau Casaus amenazó con lanzarlo a la calle si no le daban el tránsfer. Al club no le quedó más remedio que venderlo. Recuperó lo invertido y el Pelusa emprendió con éxito su experiencia italiana.

Parecía que el Barça volvía a su habitual estado depresivo, pero llegó entonces Venables, un entrenador nuevo que ni chapurreaba el español. Quizás por eso le fue bien, porque ni tuvo que dar explicaciones a la directiva cuando cometió la herejía de echar mano de la cantera: Calderé, Rojo, Clos... El primer partido de Liga fue un Madrid Barça (0-3). Esa temporada el equipo azulgrana volvería a ganar la Liga 11 años después.

Por fortuna ni Neymar es Maradona ni este Barça es el del 84, pero que quieren que les diga. Visto lo visto, con un lacit

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