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Bale sigue en la playa

Bale sigue en la playa

El verano propone apuntes que tienen un significado relativo para los equipos. Lo manifestaron el Real Madrid y el Manchester en el estadio de los 49ers. Una gran pretemporada no asegura un año feliz, pero en algunos casos los campeonatos empiezan a ganarse en el mes de preparación. Es una época que requiere diferentes aproximaciones.

El Manchester United, sexto en la Premier 2016-17, se clasificó para la Liga de Campeones a través de su victoria en la Europa League. Necesita un verano de buenas noticias. El Real Madrid dispone de un crédito casi ilimitado después de ganar la Copa de Europa. No busca una pretemporada de tiros largos. Aprovechó su primer partido para presentar a los más jóvenes, a una especie de tercer equipo, que funcionó de maravilla.

El United jugó la primera parte como si le fuera la vida. Mezcló titulares --Bailly, Rashford, Lingard y Fellaini-- y suplentes, jugó con energía y presionó hasta que el solazo comenzó a hacer estragos en los dos equipos. En muchos aspectos, más que un partido amistoso, fue un castigo.

Al sol, la temperatura se acercó a los 40 grados, fuego insoportable para el fútbol y más aún en los primeros instantes de la pretemporada. Zidane no dio ni un minuto extra a sus titulares. Hizo bien. Nadie merecía cocerse en Santa Clara.

Los titulares cumplieron sin ningún exceso. Benzema arrancó con el arte que le caracteriza y Marcelo divirtió a la parroquia californiana con los recursos que le caracterizan. Para el lateral brasileño no hay diferencia entre los partidos amistosos y los oficiales. Todos le gustan.

La única nota preocupante correspondió a Bale, que sigue en la playa. Pareció desinteresado, ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Dio sensación de abatimiento, como si le pesara más el ánimo que las piernas. Poca actividad ofensiva y ninguna defensiva. Tuvo el aire ensimismado de los jugadores que están pensando en otra cosa. ¿En qué pensará Bale?

El Madrid reservó lo mejor para el segundo tiempo, un regalo inesperado porque enfrente se encontró a la mayoría de los titulares del Manchester United. Allí estaban Pogba, De Gea, Mkhitaryan y Fellaini, el titularísimo de Mourinho. Juega siempre y lo juega todo. Duró 90 minuto bajo el sol. Enfrente una colección de jóvenes del Real Madrid, algunos juveniles de verdad. Casi todos parecieron buenos. Algunos, muy buenos.

Theo Hernández es un purasangre sin adiestrar, pero sus cualidades son impresionantes. Todo indica que está hecho para el Real Madrid, un equipo que históricamente se ha distinguido por su velocidad. En esta cuestión, Theo es una bomba, un Gento de 1,85. Su arrancada en la jugada del penalti dejó en cueros a Lindelof, el central sueco que acaba de llegar al United. El joven lateral del Madrid convirtió a Lindelof en un anciano.

En el otro costado, Achraf confirmó la fama que le precede. Se le considera un valor seguro desde infantil. Jugó con desparpajo y calidad. Aguantó y ganó a Pogba en un par de acciones que siempre favorecen al poderoso jugador francés. Arrancó con criterio y alcanzó con frecuencia la línea de fondo. Le faltó control en los centros, aunque el campo y un balón saltarín no favorecían la precisión.

Lo mejor del jovencísimo Madrid del segundo tiempo fue la personalidad. Nadie se dejó impresionar por el desafío y por un rival de tanto prestigio. Destacaron los detalles del zurdo Quezada, jugador habilidoso, con clase, pero con un problema en Santa Clara. Vio, y muy bien, lo que sucedía enfrente cuando manejaba la pelota, pero a su juego le faltó retrovisor. Por detrás Theo Hernández apareció a toda máquina tres o cuatro veces. En todas terminó frustrado. Quezada no le detectó. Nunca se giró para generarse una perspectiva completa. Cuestiones que deberá resolver este jugador exquisito.

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