El caso Eldense como punta de iceberg

Tres presidentes, siete entrenadores, 52 jugadores, de nacionalidades tan diversas como Brasil, China, Italia, Ghana, Argentina, Portugal, Mauritania y la nuestra. Todo en un curso. Ese babedurre, controlado por capital italiano, era ya el Eldense, un club con 96 años de historia que tuvo días buenos en Segunda División. Es la degeneración de la Segunda B, una categoría a la que el cambio de los tiempos y la incuria de la Federación ha dejado a contrapié, con campos deteriorados y vacíos, expuesta a aventureros de fortuna. Carne de cañón para profesionales de los tongos. Ahora el asunto ha estallado, felizmente. Ya hay detenciones.

Ha estallado gracias al valor del mauritano Cheikh Saad, un muchacho que hay que entender que está en el fútbol con la mejor intención y se rebeló, no sin riesgo, ante lo que veía, y lo que veía era ese 8-0 al descanso para conseguir ingresos de las apuestas. ¿Cómo no se detectó, cómo no saltaron las alarmas ante un aluvión de apuestas por un resultado raro? Me explica Tebas que porque han refinado la técnica. Los organizadores apostaron sobre la marcha, con el partido ya empezado; al serles admitida la apuesta, dieron la señal al campo, donde los jugadores complotados dejaron pasar al Barça B, que no estaba en el ajo. Todo ello en poco tiempo.

Tebas y más gente se temen que haya más clubes y más partidos. El retrato robot, por donde se debe empezar, es ése: un club captado por algún inversor internacional que trae y lleva jugadores. El objetivo no es subir, sino hacer un dinero fácil mediante tongo en las apuestas. Ocurre en muchos países por ahí, sobre todo en el Sudeste asiático e impregna ya la Segunda B y la Tercera en España. Tebas, por cierto, escribió una novela titulada ‘El fútbol no es así’ que alertaba sobre el tema. La recomiendo. Cosas de este tipo corroen el fútbol. Felizmente en Elda se está reaccionando bien. El nombre del Eldense lo merece.