Las otras teclas de Zidane

Las otras teclas de Zidane

EI Real Madrid resolvió frente al Villarreal lo que no consiguió en Mestalla. Remontó dos goles a un equipo que libra por libra es bastante mejor que el Valencia en estos momentos. Sin embargo, el panorama fue muy parecido. Los rivales conquistaron una ventaja más que apreciable y pasaron a defenderse, cada vez más cerca de su portero, empujados por el Real Madrid y por la inercia que dictaba el resultado. Zidane interpretó el problema de forma diferente. En Mestalla llenó el campo de delanteros. Contra el Villarreal cambió de jugadores, pero no de sistema (4-3-3). Encontró más y mejores soluciones.

Zidane atacó al Valencia con toda la caballería. Ingresaron Bale por James y Lucas Vázquez por Modric. El cambio de Nacho por Varane no modificó la estructura defensiva, aunque el técnico francés perdió la oportunidad de trasladar a Casemiro al centro de la defensa y ganar la posibilidad que el partido pedía a gritos: la aparición de Isco en la media punta. No lo hizo.

El Madrid pasó del 4-4-2 (Casemiro, Modric, Kroos y James en el medio campo) al 4-2-4. Los dos únicos centrocampistas en el asalto definitivo fueron Casemiro, un jugador de corte defensivo, y Kroos, un talento creativo de primer orden que se encuentra más cómodo cuando tiene un amplio panorama por delante y gente con la que asociarse a su alrededor. Pero en el momento crítico del partido, Kroos no tenía a su lado ni a Modric, ni a Isco.

Las decisiones de Zidane sonaron más a conquista por derribo que a victoria por juego. La lluvia de centros fue incesante desde la izquierda y la derecha. A un lado, Marcelo y Bale. En el otro, Lucas Vázquez, cuya posición cortaba el paso del formidable Carvajal, el mejor del Madrid en los dos partidos. Aunque el Real Madrid es el líder de las ligas europeas que más goles ha anotado de cabeza, la reiteración de centros favoreció a la abigarrada defensa del Valencia.

Al Madrid se le veía venir en Valencia. Fue previsible. Con un medio campo tan adelgazado, perdió la oportunidad de mezclar el juego y amenazar a su rival con el juego interior y los pases filtrados al borde del área, el terreno donde Isco destaca entre los mejores de Europa. No hubo remontada en Mestalla y Zidane tomó nota, porque sus decisiones ante el Villarreal fueron muy diferentes.

El Villarreal expuso un problema muy serio del Madrid cuando juegan Bale, Benzema y Cristiano. Renuncian más de la cuenta a un trabajo defensivo digno de tal nombre. El Madrid se defiende con siete jugadores, un número escaso frente a rivales importantes y enchufados. El partido se iba al garete, pero Zidane revisó las decisiones de Mestalla y giró totalmente. Sustituyó a Casemiro, cuya función apenas tenía sentido en el asedio, por Isco, y retrasó a Kroos para gobernar el juego. Modric se mantuvo en el campo, obligación mucho más importante para el Real Madrid que alinear a Bale, Benzema y Cristiano por decreto.

El efecto fue instantáneo. El Madrid desarticuló la resistencia del Villarreal en poco más de 15 minutos. Es cierto que no hubo penalti de Bruno, pero el Madrid desarmaba con enorme facilidad la trama defensiva de su adversario. Tiró de juego y no de centros. Utilizó este recurso con sensatez y buenos cabeceadores: Cristiano, Morata y Bale. El galés abandonó la banda derecha, donde su contribución había sido mínima, para dejar paso a Modric y el insaciable Carvajal.

Al contrario que el Valencia, el Villarreal no tuvo que resistir a un Madrid predecible. Al borde de su área, Isco dio una tremenda lección de creatividad, regates y pases filtrados. Demasiados fuegos abiertos para el equipo de Fran Escribá. Esta vez, Zidane tocó otras teclas. Sonaron de maravilla.

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