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Peor... imposible

Actualizado a

Esta Selección Sub 20 no es que juegue mal. Simplemente no juega. Está conformada por un grupo de jugadores, que quizás en otro sitio, un equipo profesional, puedan llegar a consolidarse. Por lo pronto, quienes enfrentaron a Uruguay, demostraron escaso sentido de solidaridad en el campo, ningún atisbo de acompañamiento para los compañeros.

En largos pasajes del primer tiempo se entretuvieron con la pelota a regañadientes, sin profundizar. Sólo una escaramuza de Obregón y pare de contar. Aquel dicho de "una golondrina no hace verano " cae como anillo al dedo. Porque el jugador diferente fue a lo largo de esta desteñida campaña, fue Juan Camilo Hernández. Al menos, cada vez que recibió o entró en contacto con la pelota, quiso arrancar, picar, poner un poco de velocidad hacia adelante. Los demás en otro cuento. Los laterales sin apoyo claro y ya eso se había detectado en los partidos anteriores, y los volantes hostigando, peleando, sin aprovechar el balón cuando lo tenían.

Los uruguayos me parece, jugaron a media máquina y así y todos nos blanquearon con un 3-0 y compraron tiquete para estar en el Mundial. Nosotros amanecemos en el último lugar del hexagonal, con todo merecimiento. La decepción tiene varias explicaciones. En primer lugar no hubo nunca sentido de equipo. Pero más grave, la apatía, la falta de entrega y la resignación, que era lógica pues por ninguna parte se encontraba la forma de neutralizar a un equipo rival. Porque a diferencia nuestra, los uruguayos resultaron superiores, porque querían podían y sabían jugar.

El sector defensivo de los orientales, agradeció siempre, los saques largos de Arias. Le pegó fuerte a la pelota y con la intención de alejarla de su zona, pero siempre la recuperaban o rechazan, en el peor de los casos los corpulentos defensas contrarios.

Pude contabilizar un solitario saque bien colocado para Díaz en el Segundo tiempo. Hablando de Díaz, ingresó a llevar la pelota en tramos largos, demostrando tal vez su dominio. Lo cual era patética demostración de querer destacarse, sin pensar en sus compañeros. Los nuestros que jugaron con uniforme amarillo, nunca buscaron a los de amarillo. Con eso está dicho todo.

Jugar lo que se llama jugar, no lo hicimos. Por eso peor, era imposible. Con tristeza debemos decir adiós. Aunque algún optimista, que existe, puede hacer combinaciones matemáticas para la supervivencia. Ojalá, pero jugar fútbol, no lo vamos a lograr con esta Sub 20.

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