El futuro obliga al trasvase

El resumen de lo que nos deparó 2016 ya lo tienen ustedes junto a esta columna. Y basta echar un vistazo para darse cuenta de los nuevos aires que llegan al automovilismo. Los tiempos están cambiando, como escribiera/cantara ese Dylan también protagonista en el año que se va, y el mejor ejemplo es el trasvase de marcas de unas disciplinas a otras. La competición está cada vez más ligada a lo que pasa en las calles. Volkswagen deja el Mundial de rallys pese a que ya tenía coche para 2017; la factura del Diéselgate es tan elevada que obliga a ajustar costes. Sus hermanos de Audi ponen fin a un viaje tan exitoso como la Resistencia, tablero en el que ganaron partida sí y partida también en las míticas 24 Horas de Le Mans.

Pero sus cuatro aros ruedan, uno tras otro, hacia esa Fórmula E que hasta hace nada muchos entendían como un mero juguete en manos de Alejandro Agag. El coche eléctrico es el futuro salvo que surja algún gurú que nos convenza de lo contrario. Renault está presente desde que el campeonato (bajo paraguas de la FIA) echó a andar; se han sumado Citroën o Jaguar, lo hace ahora Audi y pesos pesados como Mercedes y BMW (hoy asociada al equipo Andretti) prevén desembarcar en dos años con monoplaza propio. El año 2016 será pasado en tres días, pero huele a futuro. Las grandes marcas no dan puntadas sin hilo. Seguro.