Zidane tiene suerte... pero no sólo es eso

Se empieza a hablar de ‘la flor de Zidane’. Flor como sinónimo de suerte, ya saben. Recuerdo que en una ocasión, cuando lo tenía como seleccionador, Porta dijo de Miguel Muñoz: “Este hombre tiene una flor en el culo”. No sé si la expresión venía de antes o fue cosa de Porta, fue la primera vez que la oí. Ahora se habla de la flor de Zidane, después del empate ‘in extremis’ en Barcelona. Hay más cosas antes: los sorteos en la Champions pasada, un camino de rosas mientras el Atlético se batía con Barça y Bayern. O la misma final, con el fuera de juego no visto de Sergio Ramos y el penalti al larguero de Griezmann. Más la tanda, esa lotería.

Ayer se lo preguntó la prensa y contestó con esa sonrisa tan suya que sí, que tenía suerte. Nada de qué avergonzarse, por otra parte. Es sabido que Napoleón quería generales con suerte. El Madrid está emparentado con una cierta tradición de suerte, al menos eso piensan sus rivales, y lo admiten algunos de sus partidarios. Molowny tenía suerte, de eso estaban convencidos sus jugadores, que le veían en el banquillo y se sentían seguros. Siempre se cuidaba de tocar las rodillas de la estatua de Aranguren y Machimbarrena en la salida de vestuarios, y funcionaba. Acudió varias veces de bombero en grandes crisis y acabó siempre con título.

Pero, dijo Zidane, ‘no es sólo eso’. No, seguro que no es sólo eso. Luis Aragonés decía que la suerte existe, pero que hay que salir de madrugada con el azadón para encontrarla. Zidane maneja su grupo con buena mano, tiene en la mejor disposición de ánimo a casi todos sus jugadores (me temo que James se le descuelga) y ese espíritu de grupo es la mejor garantía de éxito. Se equivoca poco, corrige bien. Se le puede achacar una evidente debilidad por Benzema, pero muchos otros la tendrían. En once meses ha hecho 17 puntos más que el Barça y 15 más que el Atlético, y de paso ha ganado la Champions. Para todo eso hace falta suerte, pero también algo más.