El Clásico BARCELONA-REAL MADRID

P. P. San Martín

Se declara el estado de optimismo

Un buen día lo dijo Jorge Valdano desde la dirección general del Real Madrid y viene al pelo: “Queda declarado el estado de optimismo”. Así llega la tropa de Zinedine Zidane al Camp Nou, hinchada de moral, apoyada en algunos datos que son fulminantes: ninguna derrota en la Liga; doce goles en los últimos cuatro partidos; treinta y dos encuentros sin perder... Y una sensación de plenitud que no empaña siquiera (aunque cuentan) las lamentables bajas de Bale y Kroos por lesión. La fotografía del Madrid es la de un equipo armónico, entero, apoyado en una ventaja de seis puntos que elimina ansiedades ante el duelo de Barcelona. Quien realmente se la juega es el Barça porque vería escapar la Liga. Y este traspaso de responsabilidad es también un factor favorable para la estabilidad anímica del Madrid.

El plan perfecto que masculla la plantilla del Madrid es subirse al avión camino de la Copa del Mundo en Japón con los deberes hechos: a nueve puntos en la cabeza de la Liga y líder en el grupo de Champions, tras medirse con el Borussia el día 7. La tendencia del equipo permite hacer estos cálculos suponiendo que, en el Camp Nou, Zidane conseguirá que sus hombres salten al campo con absoluto talante ganador del minuto uno al noventa. El modelo de juego y concentración ha de ser el del 0-3 del Vicente Calderón, con especial atención en este caso a los coletazos que pueda dar la MSN. El Madrid está brioso, con hambre de hacer algo muy grande en el Clásico, con Cristiano emergente y con un sistema de juego de garantías para proteger a Keylor. Efectivamente se respira optimismo