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REAL MADRID-SPORTING

Cristiano fue el paraguas

Marcó los dos goles del equipo de Zidane, que acabó pidiendo la hora y enfadando al público. Cop falló un penalti a un cuarto de hora del final.

MadridActualizado a
Cristiano Ronaldo celebra uno de sus goles al Sporting.
AFP

El diluvio, un Sporting crecido y la cercanía del Clasico del Camp Nou desfiguraron de tal modo al Madrid que su 31º partido invicto consecutivo concluyó con el público pidiendo la hora y silbando moderadamente al equipo. Un desenlace inesperado pero reiterado para un Madrid demasiadas veces inapetente en choques como este. Lo pagó ante Las Palmas y Eibar y ante el Sporting, que falló un penalti, también estuvo cerca de hacerlo.

Hace diez partidos ya desde que en el Sporting se aplican con rigor extremo las leyes de Murphy. En el fútbol viene a ser frecuente: la desdicha se agiganta para el desdichado. A los tres minutos Sergio Álvarez inutilizó varias horas de vídeo y gran parte del evangelio de Abelardo al cometer un penalti sin sentido, cuando Lucas Vázquez escapaba del área por falta de un pasillo hacia Mariño. Sucedió segundos después de que Carmona no atinara con la puerta de Keylor en un mano a mano muy limpio. No existen evidencias de que un modesto que se equivoca dos veces en el Bernabéu pueda sobrevivir a él.

Ese penalti, transformado por Cristiano, desmontó en cierto modo el partido, porque le quitó codicia y coquetería al Madrid, que volvió a despachar rutinariamente su victoria. Esta vez fue con James, al que Zidane le encontró un empleo temporal en este partido de apariencia sencilla. Ese es el día a día del colombiano, que llevaba más de dos meses sin ser titular en Liga. Ahora es un jugador de avituallamiento, al que no ayudaron la tarde de perros en Madrid ni la importancia (poca) que se le dio al Sporting.

Sólo Cristiano puso empeño en la tarea. Sus dos goles le hacen pichichi y ponen a salvo su media, pero está ante una temporada si regularidad, con frenazos y acelerones. Lo que ocurre es que estos, en su caso, le hacen inalcanzable. Le sirvió su segundo gol Nacho, en impecable centro de izquierda. No hay futbolista más constante en rebelarse contra su baja visibilidad para el entrenador, aunque su error en la jugada del penalti pudo costarle caro al Madrid. En el otro lado, Danilo presentó siempre una oferta ofensiva incompleta.

A cambio Benzema, reeditó su fama de jugador evanescente, tan poco visceral que cansa en un club que construyó su leyenda haciendo lo contrario. A ratos contagió a los demás y eso levantó al Sporting, que tuvo ánimo para escalar el paredón del 2-0, achicar al Madrid y hacer sonar tambores cerca de la meta de Keylor Navas. Incluso recortó su desventaja en un remate sobre la marcha y con el exterior de Carmona que salió como un torpedo camino de la red.

Ese gol y el diluvio de la segunda mitad incomodaron aún más al Madrid, incapaz de darle carpetazo al partido. Zidane buscó apuntillar al Sporting con Marcelo y Asensio y lo que se encontró fue con el claro penalti de Nacho. Cop fue escrupuloso con la ley de Murphy y mandó su tiro a la grada norte. Hay rachas en que ni hacerlo bien es suficiente.

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