Leer es difícil

Siempre oí la historia o el cuento, de saber leer los partidos. Y de tanto ver y comparar, uno va aprendiendo, al menos, a ver los partidos. Pero es claro que quienes están obligados a "leer" los juegos son los directores técnicos y esencialmente los jugadores. 

El Cali perdió todo el primer tiempo porque no supo entender el juego en sí. Algo distinto es el resultado. La forma de jugar y proponer el fútbol, quedó por debajo. Cierto fue que Preciado definió de manera genial ante Martínez. Con eso Cali se encaramó en la tabla de Posiciones, pasó la barrera de los 30 puntos y llegará al último partido frente a Rionegro con posibilidades ciertas de estar en la finales. 

El Cali en varios pasajes ante Envigado extravió la brújula. Los veteranos, Aquivaldo, Aguilar y Mayer, no lograban imponer ritmo y menos frenar la velocidad a veces desbocada del rival. Y acá cabe lo de saber leer. Ninguno de los tres citados entendió que cotejar con la rapidez y velocidad de Envigado era inútil. El jugador del Cali, por condiciones físico-atléticas y juventud, que los podía equiparar era Helibelton Palacios. 

Ya en la complementaria, es probable que Yepes haya corregido ese gesto de inocencia y el asunto estuvo más inclinado al lado caleño. Mayer, de flojo partido, puso por momentos pausa, mientras Aquivaldo casi siempre perdía en el mano a mano y Aguilar apelaba a su fuerza para desbaratar intentos del Envigado. 

No resultó un partido vistoso. Es importante precisar que esta vez, el resultado uno a cero estuvo por encima de la misma manera de jugar. 

Si no hay velocidad existen formas para neutralizarla. Los jugadores de campo, encabezados por Mayer, no comprendieron el asunto. De ahí el título. Leer es difícil. 

Y el árbitro Otero, creo que se apellida así, es revolucionario del reglamento. Eliminó las faltas cuando jugadores halan por la camiseta a un contrario. Es digno de enviar su procedimiento y razones a la Fifa y a la International Board.