Otra vez el Barça frente a Guardiola

El Barça está en Manchester afrontando de nuevo un espectro del pasado. Como si no fuera poco jugar contra un equipo de Guardiola, lo que crea una incómoda quemazón en muchos, se ha hospedado en el Lowry, el hotel en que vive Mourinho. Esa jaula dorada de la que se queja. El fútbol también hace extraños compañeros de cama. Pero a lo que ha ido el Barça allí no es a encontrarse con él, sino con Guardiola, para el que el partido es una final. Con una derrota hoy, podría incluso ver comprometido su pase a octavos. El Barça, desde sus nueve puntos, mira los cuatro del City desde una perspectiva cómoda. Y así se juega mejor.

Messi analizó estos días la diferencia entre el Barça de hoy y el de Guardiola. “Ahora somos más agresivos”, dice, y es verdad. También tiene mejores, yo diría que extraordinarios, compañeros de ataque. A cambio, domina mucho menos los partidos, ha perdido aquella distinción, aquel fútbol perfecto, casi empalagoso, que tejía en torno a Xavi e Iniesta. Aquello era otra cosa. Ahora el Barça es un buen equipo con tres delanteros formidables, uno de ellos superlativo, y eso da para ganar cualquier cosa, pero no es lo mismo. Aquel Barça de Guardiola, aunque, en efecto, premioso y menos agresivo, quedó en el recuerdo como algo extraordinario.

También Guardiola ha ido a menos sin el Barça. Aquel fútbol no llegó a verse en su Bayern, tres años consecutivos expulsado de la Champions por los equipos españoles, nuestros tres primeros de la clase. Ahora está en la reconstrucción de un equipo, dinero mediante. Más difícil que en el Bayern, donde partía de una base sólida, compenetrada y con el hábito de ganar. Un club, además, con tanto poder en su país que sale a la Liga con el título poco menos que asegurado. Nada de eso tiene en el City, aunque sí músculo económico: ha fichado por valor de 213 millones y vendido por valor de 36. Le exigirán de acuerdo a eso.