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LA INTRAHISTORIA

El padre de Asensio soñó con ver jugar a su hijo en el Athletic

Jugó en el fútbol vizcaíno y su familia aún vive en Barakaldo. Amorrortu comunicó al agente de Marco en el Mallorca que no era fichable.

El padre de Asensio soñó con ver jugar a su hijo en el Athletic

Marco Asensio, el nuevo ídolo del Bernabéu, tiene sangre vizcaína. Su abuela y tres tíos viven en Barakaldo, y les visitan con frecuencia. Su padre, Gilberto, nació en una localidad contigua, en Ugarte. Los Asensio emigraron a Essen (Alemania) y cuando regresaron, Gilberto era juvenil. Ingresó en el Barakaldo, entrenado por Ángel Nogales, mítico ojeador de Lezama, y pasó por Basurto y Erandio.

Con los verdinegros, Gilberto jugó un partido inolvidable en 1978, la final del Trofeo Hierro en San Mamés, que abría sus puertas al final de temporada a los partidos decisivos de Juvenil y Regional. Era y es muy del Athletic. Y se llevó ese sentimiento a Mallorca, donde se trasladó desengañado del fútbol para trabajar en hostelería. Allí conoció a una holandesa, la madre de Igor y Marco, a la que ya fallecida dedican sus goles. El mayor, que juega en Tercera en el Platjes de Calvià, siguió a su padre en afición. Le tira el Athletic y tenía la habitación llena de pósters hasta el traslado de casa.

Gilberto era un mediapunta hábil que se movía por todo el campo. Un calco de su hijo, salvando las distancias. El portero del Basurto Piñal le recuerda como “un futbolista muy fino, con movilidad y talento, llevaba siempre el ‘10’ y me recuerda a Marco”. El grupo, con el que estuvo dos años, le valoraba por ser “un pedazo de pan, por calladito y no armar líos”. Cierto es que al principio sufrió por el idioma, ya que traía el alemán de serie. Manu del Agua, otro excompañero con el que hizo la pretemporada en el Erandio de Tercera, le dibuja “finísimo con la pelota”. “Si eso dicen de mí, yo coincido, ja, ja...”, agradece Gilberto.

Fichado Marco por el Mallorca y, por la proyección que tenía y el tilín que hacía el Athletic a la familia, su agente lo ofreció a Ibaigane. Gilberto se llevó la decepción de que Amorrortu, director deportivo, les comentó que no encajaba por filosofía. No se sabe si daba voz al presidente. La sangre vasca no, la formada en La Rioja sí. Una decepción para un hombre que llevaba siempre a sus hijos a visitar Lezama. “Fue una pena, yo tenía ilusión y el Athletic es el Athletic. Tiene una política rara. También se especuló sobre una cesión cuando fichó por el Madrid, del que es desde pequeño”, valoró agradeciendo al club blanco todo lo que hace por el gran Marco.

Igor, el hermano de Marco, no oculta su simpatía por el Athletic en las redes sociales, en las que luce la camiseta del club rojiblanco y emite mensajes eufóricos en favor de los leones. Eso no quita para que también haya animado al pequeño de la casa tanto en Mallorca como en Espanyol y ahora Real Madrid. Juega de defensa en el Platges de Calvià, que marcha noveno en el grupo 11. Ninguno de sus primos vizcaínos se ha dedicado a este deporte que tanto les apasiona. La familia Asensio-Willensen se lo pasó en grande en la presentación de Marco como futbolista del Real Madrid. Ya por entonces, en aquel día de orgullo madridista por haber captado a una perla, Gilberto se atrevió a decir: “Yo intentaba que fuese del Athletic, pero él iba a todos los lados con la camiseta del Real Madrid”. Fue una verdadera lástima que la madre de Marco e Igor muriese hace cinco años. Hizo una profecía con Florentino Pérez, a quien retrató con el pequeño en las islas y le dijo que algún día jugaría en el Real Madrid. La familia les orientó siempre hacia el deporte. Primero hicieron natación y los hermanos tenían permanentemente un balón entre sus piernas. Hasta el punto de que delante de su casa balear, uno de sus abuelos plantó césped. Allí se pasaban horas y horas con la pelota. La técnica de Marcos no es flor de un día.