Inventada la Vuelta de dos semanas

Hace unos años el ciclismo debatió acortar las grandes vueltas de tres semanas a dos para reducir el esfuerzo de los corredores. “¿Más?”, apuntó alguien del mundillo. “¡Si ya corren dos semanas! Se quita la crono del primer día, que suele ser testimonial, el paseo del último, los dos de descanso y un par de etapas que el pelotón se toma con toda tranquilidad, y a ver dónde están las tres semanas de competición”. Viendo lo de ayer, qué razón tiene. Fue un paseo en toda regla. Un paseo como jamás se ha visto en la historia de la Vuelta. Desafiante, además, al entrar el pelotón riendo. ¿Para eso se cortan las carreteras, en fechas tan demandadas, además? ¿Para eso emplea La1 su programación? Castroviejo lo justificaba diciendo: “Necesitábamos un descanso”.

¿Descanso? El primer día fue una crono de media hora; el cuarto el pelotón llegó con dos minutos de retraso; el octavo, con cinco; el noveno, con tres; el undécimo, descansó; ayer la demora fue de 34 minutos. Quedan nueve días de Vuelta, de los que uno será de descanso, y el último, de paseo hasta la disputa del sprint. De las etapas restantes, hay dos con un único moderado puerto entre medias, y una crono de 45 minutos. No salen ni dos semanas del descomunal esfuerzo que nos venden. No mitifiquemos. La carrera será siempre lo que los corredores quieran. Contador ganó una Vuelta en un final tan cándido como Fuente Dé, y el pelotón subió el año pasado la terrible Ermita del Alba silbando. Los ciclistas hoy serán héroes (eso se espera), pero ayer fueron villanos.