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Mejorar el equipo titular es imposible, mejorar el banquillo es carísimo

Dificil y caro. El Barcelona que ha hecho Robert es, según palabras de Luis Enrique (que al fin y al cabo es el que lo tiene que dirigir y la opinión más autorizada) “la mejor plantilla que tenido desde que estoy en el Barcelona”. Fiel a esta frase, la entidad salió ayer a colgarse la medalla. Robert Fernández se ha gastado una pasta en reforzar a un equipo de éxito fichando a jugadores que no comparecen en el póster para ser titulares. Es tan difícil mejorar el once inicial del Barça como caro darle profundidad. 

Más equipo. Ha reducido el Barcelona su nómina de jugadores respecto al año pasado a costa de mejorar la competitividad. En el banquillo ya no hay lugar para depresivos que son perfectamente conscientes que están para llevar el saco de balones. Adriano, Vermaelen, Douglas, Sandro, Bartra y Munir eran futbolistas que tenían tan claro que el técnico no se los creía que su participación era funcionarial. Más competencia. La llegada de Denis, Digne, Umtiti, André Gomes o Paco Alcácer renueva la plantilla y la mejora en competitividad. Lo mejor que se puede decir de esta plantilla es que ha afrontado dos desplazamientos como San Mamés o el Pizjuán sin Neymar o Iniesta y que nadie les echó de menos.
 Jóvenes, de fuera. Esa renovación del cuerpo de tropa que ha compactado la plantilla se ha cobrado una clara víctima: la cantera. Antes de confiar en José Suárez o en Masip, cuando se marchó Bravo se optó por traer en su lugar a Cillessen. Si bien es cierto que en el Barcelona había informes del holandés desde hace años, su incorporación por 13 millones no parecía clave y supone un palo para los forjados en La Masia. Un poco lo que ha pasado con Alcácer, un jugador que según el secretario técnico llega “para aprender”. Por 30 millones. Hay másters más baratos.

Cultura del éxito. No es cuestión de rasgarse las vestiduras pensando que el modelo de cantera no existe, porque no es cierto. Pero no está de más plantearse la alarma. Robert asegura que hay futuro, pero es que jamás el Barça se había visto instalado en la cultura del éxito continuo como pasa ahora. Luis Enrique ha ganado ocho de diez títulos y a medida que sube el listón competitivo es más caro jugar.