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Juegos Olímpicos

Jesse Owens, el atleta que dejó mudo a la Berlín nazi de Hitler

El norteamericano hizo una histórica actuación en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 en plena atmosfera de la Alemania nazi y racista de El führer.

AlemaniaActualizado a
AStv

Hijo de una humilde familia de labradores, vendedor de periódicos, recadista y empleado de una gasolinera; esa fue la vida de Owens antes de poner condiciones en una época en el que el conflicto entre naciones estaba al rojo vivo en Europa en vísperas de la segunda guerra mundial.

El hombre récord proveniente de Cleveland

Cuando Jesse cursaba sus estudios en la escuela conoció a su profesor de gimnasia, Charles Riley, quien además de enseñarle a correr fue su tutor de vida. Con las enseñanzas de Riley, Owen ganó 74 de las 79 carreras en las que compitió, batiendo el récord nacional de salto de longitud.

En la Michigan de 1935 comenzó su legado imponiendo marcas, allí batió cinco récords mundiales e igualó otro en menos de 90 minutos: corrió las 100 yardas en 9 min. 4 seg. saltó 8,13 m de longitud, récord que tardó 25 años en ser superado, y corrió las 220 yardas lisas en 20 min., 3 seg. y las 220 yardas vallas en 22 min. 6 seg.

En 1936 previo a los Juegos Olímpicos, ‘El Antílope de Ébano’ batió el récord mundial de 100 m con 10 seg. 2 cent en Chicago

Proeza anti-nazi nivel Owens

Cuando el atleta norteamericano consiguió su tiquete para participar en las justas de 1936 el mundo se encontraba en alta tensión por los diferentes poderes que la regia, especialmente la dictadura de Adolfo Hitler. El führer quiso “crear” al atleta perfecto con la misión de arrasar con las medallas en las olimpiadas de Alemania (convertir mujeres en hombres gracias a la aplicación de hormonas masculinas fue uno de sus experimentos).

Hitler sabía que estaba en su casa y que todo el mundo tenía los ojos puestos en él, por lo anterior le apostó a mostrar parte de su poder en el deporte.

Los primeros días de aquellas olimpiadas, Hitler aplaudía con fervor los triunfos alemanes, sin imaginar que unos días después iba a conocer al hombre negro que le arrebataría en justa lid en Alemania cuatro medallas de oro en 100 y 200 m, salto longitud y relevos 4 x 100 m. Cuatro récords mundiales fueron firmados por Jesse Owens en Berlin.

El político militar fue apático, no aplaudió as medallas conseguidas por Owens y sí la de los blancos. Un miembro del comité Olímpico le advirtió a Hitler que aplaudiera a todos por igual o a ningún atleta, el mandamás alemán optó por no aplaudir a nadie.

Cuenta las anécdotas que en la entrega de la cuarta medalla a Jesse Owens, un Hitler enfurecido se limitó a abandonar el estadio para no verse obligado a estrechar la mano de un negro; una historia que el mismo Owens sostiene no haberse enterado.

“No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al presidente”, declaró el múltiple campeón de atletismo de aquella época.

Cuando Owens se retiró de las pistas se arriesgó y entró al mundo de los negocios en donde perdió una fortuna hasta que el gobierno de los Estados Unidos le designó como embajador de buena voluntad. En 1980 falleció víctima de cáncer de pulmón.

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