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CAFÉ, COPA Y FÚTBOL

“Soy más como Del Bosque, no me atrevo a ser como Mourinho”

Cristina Sánchez vuelve a los toros. La mujer que rompió moldes y doblegó un mundo sólo de hombres, se vestirá de luces en una tarde única.

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—¿Y esa locura de volver a los ruedos?

—Bendita locura. Es algo que ha surgido que ni yo me esperaba porque estaba muy lejos de mi proyecto de vida. A veces se juntan los astros y las cosas pasan.

—También por el motivo, la lucha contra el cáncer infantil.

—El reaparecer es muy cuestionado. La gente dice que si es por dinero y demás, así que recaudar fondos para los niños me pareció suficiente motivo. No es una corrida benéfica pero mis honorarios sí se donaran a la causa. Sé al proyecto que va y he conocido el hospital y en este caso lo tengo muy claro. Aunque tengo que decir que en todo esto de mi vuelta a los toros ha habido un desencaje.

—La muerte de Víctor Barrio.

—Y lo tengo que decir porque forma parte de mi preparación: creo que hay que darle la vuelta a la negatividad y dignificar a la profesión y a mi compañero desaparecido. He pensado mucho en mi gente, en mis hijos y en la preocupación que torear podía suscitar a los míos, pero después de oír a la madre de Víctor diciendo que tenemos que seguir para honrar a su hijo, ya no he tenido dudas. Al final son lecciones de vida.

—Aquel día estaba usted la corrida. ¿Cómo procesa la muerte de un compañero?

—Te quedas en estado de shock. Primero no te lo puedes creer. Piensas que la cornada es grave pero que se salvará como tantas veces. No me acuerdo de lo que hice, de lo que dije. Solo tenía ganas de correr, de irme de allí. No podía ni hablar, no daba crédito. Pensaba que tenía que llegar un milagro. Se te pasan muchas cosas por la cabeza y un gran escalofrío te recorre el cuerpo. Es una pena muy grande. No acepto que le pueda pasar a un chico tan joven que no conoce el triunfo. Es muy duro aceptarlo.

—¿Vio algo raro en el momento de la cogida?

—Se me han quedado grabadas dos cosas: sus ojos y sus manos. Cómo se encogieron las manos y la expresión de los ojos. Ahí me di cuenta de que algo gordo había pasado.

—Y la reacción inhumana y bárbara en las redes sociales. Algo insólito en este país. No había pasado nunca.

—Es increíble. No tienen alma ni sentimientos. No tienen nada más que odio y rencor. No entienden que nosotros somos los más animalistas, los que más cuidamos al toro, los que más nos entregamos a él, siempre pendientes de cómo en las fincas se protege la fauna y el ecosistema para favorecer a los animales. A mí que no me cuenten películas estos ecologistas de asfalto que no saben ni de dónde sale la leche. Poner al animal por encima de la persona nos destruye como seres humanos y yo no quiero que eso pase. Cuando tienes partida el alma y ves una cosa de estas es terrible, es muy triste. ¿En qué valores se mueve esa gente para decir esas cosas? Me parecen ratas de alcantarilla y creo que la sociedad lo ha visto y afortunadamente ha reaccionado.

—Tras la muerte de Víctor Barrio, ¿se ha tambaleado su decisión de reaparecer?

—Nunca. Llevo preparándome casi cuatro meses con una fuerte lucha interior. Nadie se ha atrevido a decir nada. Mi familia tiene una educación taurina por encima de todo y saben lo que es. Y en mí solo ha pesado mi gente por lo mal que lo están pasando pero tengo muy claro lo que quiero hacer. Ahora estoy en modo torero y no en modo mujer. Eso me ayuda a afrontar determinados hechos. Mis compañeros al día siguiente ya se estaban vistiendo de luces. Todo cuesta mucho.

—Hace 17 años de la última vez que se vistió de luces. ¿Es la misma persona la que vuelve a los ruedos?

—No es lo mismo el arrebato de la juventud que el poso de la madurez. Me preocupa que son muchos años sin ponerme delante del toro, sin tener determinadas sensaciones. Ahora ha vuelto el miedo, la incertidumbre, la ilusión. Veo toros en el armario, debajo de la cama, es una amalgama de sentimientos muy grande. Pero la apuesta merece la pena por lo que es y para lo que es. No quiero volver, no quiero contratos, no quiero nada. Me estoy preparando, con mucho esfuerzo y sacrificio para una sola tarde. Quiero estar a la altura de las circunstancias y que mis hijos se sientan orgullosos de su madre.

—Comparte cartel con El Juli, un atlético, y Enrique Ponce, un madridista. ¿Dónde está Cristina Sánchez?

—Bueno pues ahí ganamos los blancos. Soy madridista hasta la médula. En mi casa somos madridistas y del Benfica porque mi marido es portugués y en mi casa entre España y Portugal no paramos. De todas formas en mi entorno siempre he visto el color blanco y al final hasta mi marido es madridista. Somos Mourinhistas. José Mourinho me parece un tipo genial. La personalidad y el carácter de ese hombre me fascina. Cómo un tío puede decir lo que le da la gana y no pasa nada. Todos somos políticamente correctos y él no. Dice lo que piensa y eso es admirable.

—¿Le gusta más ese perfil que el de Vicente del Bosque?

—Yo como persona soy más Del Bosque porque no me atrevería a ser Mourinho. Me gustan las personas más moderadas y equilibradas pero llegar a estar donde está Mourinho y tener la valentía de decir lo que dice no está al alcance de casi nadie.

—Lo dice usted como si Cristina Sánchez no tuviera genio.

—La gente que me conoce sabe que soy muy fuerte pero extremadamente sensible con todo. Veo cualquier cosa y me afecta mucho. No sería capaz de decir algo que pudiera dañar a alguien. Como me pongo delante de un toro la gente se piensa que soy tremenda. Pero no, veo una araña y soy capaz de echar a correr y no parar.

—¿Disfrutó mucho con la final de la Eurocopa?

—Ya le digo. Portugal es mi segunda tierra y casi la estoy poniendo la primera. Me encanta, es un país que me gusta mucho por su gente, su comida, su forma de entender la vida. Decían que la selección portuguesa no tenía nada que hacer, que tenía menos fútbol que la española, pero al final España se quedó atrás y Portugal llegó y ganó.

—¿Sus deportes?

—Estoy muy enganchada al pádel. Salgo a correr, hago boxeo.

—¿Le gusta lucir esos músculos?

—No, pero es lo que hay. Ahora estoy en modo torero y me da igual. De estar todo el día entrenando con el capote y la muleta y hacer mucho ejercicio acabas musculada. Hay que estar preparada porque aquí, le aseguro, las monerías no caben.

—Estuvo cuatro años de matadora de toros. ¿Por qué lo dejó?

—Perdí la ilusión y sin ilusión no se puede. Fueron muchas circunstancias y muchos problemas. Tenía 27 años, llevaba desde los 15 luchando y dedicada al mundo del toro y decidí vivir otras cosas. También hice cosas mal, por ejemplo no mataba a los toros en momentos importantes. Mi espada me privó de muchos triunfos y de alargar mi carrera.

—De todas formas lo que usted consiguió fue una auténtica hazaña en el mundo de los toros.

—El toro me ha dado muchos valores: el sacrificio, la lucha, el amor propio. Tuve que escuchar miles de cosas y eso me ha forjado como persona. Al final escribí mi página en el mundo del toro y para mí lo más importante es el respeto y la admiración que tengo de mis compañeros.

—¿Cuál fue su mejor aliado para llegar?

—El toro. Fue el que me dejó desarrollar mi profesión y demostrar que yo podía. El toro no estaba sucio de prejuicios y le daba igual quién estuviera delante. Si hubiera escuchado todo lo que me dijeron al principio seguramente me hubiera quedado haciendo becerradas. Ser torero es muy difícil, muy complicado. No ya por el riesgo que entraña, sino por la preparación, por la dedicación y porque dejas muchas cosas al lado. Ser mujer u hombre, da igual. Tú puedes ser un torero, pero eso hay que demostrarlo. Aquí quejarse no sirve de nada. Me siento afortunada de haber hecho lo que he querido.

—¿Lo peor es el dolor de una cornada?

—Pues después de parir no sé qué decirle. Mire un torero está preparado para esto. La capacidad de lucha y superación es la que te hace levantarte después de una cornada que a otra persona la tendría un año de baja. Cada uno tiene una capacidad de sufrimiento. Lo peor es el dolor de un fracaso, de no haber estado a la altura.

—¿Cómo se gestiona el miedo al toro, el miedo a la muerte?

—El ser torero es algo que tú eliges y cuando empiezas convives con estas cosas cada día. Nosotros sentimos miedo, pero no es el miedo que podría sentir otra persona que se ponga delante de un toro. El miedo físico a una cornada ya está entrenado, porque preparas tu mente y tu cuerpo. En cuanto te despistas un poco se te nota. El traje de luces es transparente.

—El torero se levanta tras la cornada y el futbolista se retuerce ante una patada. ¿Le choca mucho?

—Las exageraciones te llaman la atención. Pero es otra historia y otra la relación que tienen los futbolistas con su público. Además es un trabajo en equipo, mientras el torero es muy autónomo. Estás tú solo y todo depende de ti. Un toro te da una cornada y hay veinte tíos detrás para coger una sustitución y por eso en diez días estás de vuelta, para cumplir tus compromisos y estar en las ferias que tienes firmadas. En otras profesiones tú tienes un contrato y si estás en el banquillo es lo mismo que si estás jugando. Es otro concepto. Pero no se puede menospreciar ninguna profesión. Todo el que es figura lo es por algo. A Cristiano no le pagan lo que le pagan si no es porque es el mejor y el que más goles marca.

—¿Hay declive de los toros?

—El mundo del toro se tiene que actualizar, pero además hay un ataque atroz por parte de determinados movimientos políticos que han hecho mucho daño. Se quieren cargar el toro porque es un símbolo español, porque en realidad el toro les da absolutamente igual.

—El día 20, tras la corrida, cuando acabe todo, ¿qué va a hacer?

—Creo que lloraré mucho. Lo estoy idealizando, está siendo algo increíble. Para mí será objetivo cumplido. Me sentiré feliz y abrazaré mucho a mis hijos.

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