Emocionante y suspenso

Estos son los partidos que gustan, que atraen. La única verdad en el fútbol son los goles y como se vivieron en El Campín. Seis goles en el tiempo regular, uno de ellos, cuando moría el partido conseguido por Vladimir, que obligó a ese desenlace doloroso, nervioso, injusto si se quiere, pero válido para el hincha ganador.

En el primer tiempo, mientras Rangel desperdiciaba al menos dos opciones de gol claras, Aguirre puso a ganar a Junior, en un descuido global del sistema defensivo azul. Robayo se frenó, dejó que siguiera Aguirre, Machado no cerró y la pareja de centrales, dejó un callejón enorme y Junior se ponía en el marcador global 3-0. En esta fase fue superior el equipo barranquillero.

Para el segundo tiempo, “Manga” Escobar se encargó de superar los sistemas de marcación y comenzó a realizar diagonales, que llevaron a dos goles y a aplaudir la reacción de Millos. Después Rangel, pudo localizar una media vuelta con izquierda para llevar más adrenalina a los seguidores. Otro zurdo, Henao anotó en una pena máxima, bien sancionada y ya Millos estaba en cuestión de media hora listo para semifinales. A todas estas Alexis Mendoza, se percató tarde de las ventajas ofrecidas a “Manga” y mandó a Murillo en lugar de Iván Vélez para ajustar marca. En el último suspiro, Vladimir extendió la angustia por su gol y derivó todo hacia el punto penal.

En este momento, ya no interesa quien merecía ganar o contabilizar los desperdicios de ambos equipos o las patadas innecesarias, ni el aguacero de tarjetas amarillas y una roja. Todo quedaba clausurado, archivado y de paso, anulado el esfuerzo de todo un torneo.

En esa circunstancia, siempre los arqueros son los héroes. Antes Armani y el de apellido raro en Rionegro. Esta vez, Sebastián Viera, dio la clasificación a Junior, en uno de los juegos más generosos en alternativas y emociones cambiantes. De la preocupación a la euforia, como vi en rostros de hinchas de Millonarios. Después los lamentos, pero por encima de todo, estos configuran la clase de partidos que uno quiere ver. Cuando se dan muchos goles, los puristas acusan a las defensas. Yo prefiero ver y ver goles, sabiendo que muchas veces se dan por errores de uno, aunque también por aciertos de otro.